lunes, 29 de septiembre de 2014

La argumentación El ensayo

Argumentar consiste en defender razonadamente una opinión con el fin de que el destinatario haga suya la idea que el emisor sostiene. Su eficacia dependerá, pues, de la consistencia y la fuerza persuasiva de los argumentos.
La argumentación y sus dimensiones
La argumentación consiste en defender una idea u opinión alegando una serie de razones que la apoyan. El propósito de la argumentación es convencer a alguien de la validez de una idea o persuadirlo para que adopte un determinado comportamiento. De ahí que en la argumentación sea posible distinguir dos dimensiones: una lógica, en la medida en que se aportan razones, y otra práctica, por cuanto la finalidad última es lograr la adhesión del receptor.
La argumentación tiene una gran importancia en la vida social; a ella acudimos continuamente para justificar nuestro comportamiento o influir en el de los demás. Veamos un ejemplo de argumentación:
La violencia es una conducta aprendida y nuestra cultura es una eficiente maestra. Un dato espeluznante: en más del 15 % de los vídeos musicales dirigidos a niños y adolescentes aparecen imágenes de niños armados.
Las escenas violentas que el niño ve por televisión «legitiman» la violencia del entorno.
José Antonio Marina
Elementos comunicativos de la argumentación
La argumentación se produce en una situación de comunicación peculiar, en la que hay que tener en cuenta tres elementos: el emisor, el destinatario y el modo de comunicación.
• El emisor es la persona que lleva a cabo la argumentación. En ocasiones, el emisor permanece en el anonimato; es lo que ocurre, por ejemplo, en la mayoría de los anuncios publicitarios. La naturaleza del emisor, su prestigio o su descrédito, es un factor que añade o resta fuerza a la argumentación. El emisor se debe expresar de manera sencilla, ordenada y adaptada a las circunstancias en que se encuentra. El emisor tiene que exponer sus argumentos basándose en su experiencia personal y en la opinión de especialistas, intentando ser siempre objetivo.
• El destinatario es la persona o grupo de personas a las que va dirigida la argumentación. El destinatario puede ser individual o colectivo, concreto (una persona conocida por el emisor) o genérico (un conjunto potencial de receptores a los que el emisor no conoce).
• El modo de comunicación afecta a cuestiones como el carácter público o privado de la argumentación, la presencia o ausencia física del destinatario, la posibilidad de réplica por parte de este, etc.
La argumentación será eficaz en la medida en que el emisor consiga que el destinatario adopte el punto de vista defendido o bien modifique su comportamiento en el sentido deseado. Para ello, el emisor habrá de tener en cuenta tanto las características del destinatario como los factores relacionados con el modo de comunicación.
Los argumentos
La opinión que se sustenta recibe el nombre de tesis y las razones que se alegan en su defensa se denominan argumentos.
Para que la argumentación resulte eficaz, el emisor debe tener presentes las características y creencias de las personas a las que se dirige; solo así podrá conocer a qué argumentos son más sensibles. Además, estos deben estar relacionados con la tesis de tal modo que la aceptación de los argumentos conduzca a la aceptación de la tesis. En las argumentaciones es frecuente que el emisor se manifieste en su propio texto (mediante el uso de la primera persona, por ejemplo) y que se refiera directamente al destinatario con el fin de implicarle en el discurso.
No obstante, a veces el emisor prefiere dar a su argumentación una apariencia de objetividad y construye su texto en tercera persona.
Los argumentos se apoyan en unos valores, creencias o premisas que se suponen aceptados por la mayor parte de los miembros de la comunidad. Tales premisas compartidas reciben el nombre de tópicos y permiten clasificar los argumentos con arreglo a su contenido.
Entre los argumentos basados en tópicos, los siguientes se emplean con mucha frecuencia:
• El argumento de la mayoría se basa en el tópico de la cantidad («Lo mayor o más numeroso es preferible a lo menor o menos numeroso»). Ejemplo:
• La película ha tenido más de dos millones de espectadores, así que debe de ser muy buena.
• El argumento de utilidad se basa en el tópico de lo útil («Lo útil es preferible a lo que no lo es»). Ejemplo:
• Ayudar a los pueblos de África nos beneficiará a todos.
• El argumento ético se basa en el tópico de la moralidad («Lo moral es preferible a lo inmoral»). Ejemplo:
• Señores miembros y responsables de Europa, es a su solidaridad y a su bondad a las que gritamos por el socorro de nuestro pueblo.
• El argumento hedonista se basa en el tópico del placer («Lo placentero es preferible a lo desagradable»). Ejemplo:
• Playa Palmeras: el paraíso en la Tierra.
La fuerza de los argumentos
No todos los argumentos tienen el mismo poder de convicción. La fuerza persuasiva de un argumento depende de su consistencia interna y del grado de aceptación de la premisa en que se apoya. Un argumento es consistente cuando está bien construido y sirve para defender la tesis. En el siguiente enunciado, por ejemplo, se emplea un argumento consistente:
• Fumar es perjudicial para la salud porque el tabaco origina muchas enfermedades.
No sería consistente, sin embargo, el argumento que se esgrime en este otro enunciado:
• Fumar es perjudicial para la salud porque mi primo sufrió un accidente cuando iba fumando.
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Cómo hacer un ensayo.

Te diré exactamente cómo hacer un ensayo bien hecho. Intenté ser lo más breve posible. Mi objetivo es que, a la brevedad, hagas un ensayo de calidad. La práctica hace al maestro, como dicen las lenguas. Si te cuesta un poco de trabajo al principio, sólo analiza, es el esfuerzo necesario para lograr nuestro objetivo.

Definición de Ensayo:

Cómo hacer un ensayo | el ensayo es un tipo de prosa que
(Ir al texto Teoría del ensayo, de José Luis Gómez Martínez)
Más adelante, este autor hace referencia a que la voz “ensayo” (o “ensaye”), significa prueba, reconocimiento, examen. Pero ¿examen de qué? Nada más y nada menos que examen de nuestro pensamiento. El ensayo es un escrito en el que el autor refleja la forma en que su pensamiento discurre.

Partes del ensayo:

El ensayo consta de tres partes fundamentales: introduccióndesarrollo y conclusión.
La introducción normalmente es corta, pero todo depende de la envergadura de nuestro escrito (algunas necesitaran una extensión remarcable, otras no). Su función es introducir al lector en el tema que trataremos y, si es necesario, ponerlo al tanto de lo que se ha dicho del tema hasta el momento. En ella se presenta la hipótesis. La hipótesis es la idea que buscamos realizar, esclarecer o sustentar a lo largo de nuestro ensayo y alrededor de ella se desarrollará el cuerpo del texto. Es, en sí, la semilla de la que nace el ensayo. Es lo primero que hay que dominar para saber cómo hacer un ensayo. (aprender cómo hacer una introducción aquí)
El desarrollo es el cuerpo del ensayo. Abarca la mayor parte del texto y en él se exponen los argumentos que aclaran y sustentan nuestra hipótesis. Aquí, si el ensayo requiere de un rigor académico, se insertará el aparato crítico (citas, notas y referencias) necesario para que nuestros argumentos sean sólidos.
La conclusión es la parte final del ensayo. En ella podemos hacer una recapitulación de las principales líneas argumentativas siguiendo una línea desde la hipótesis y terminar dando nuestro punto de vista o resolución final del tema. (Aprende cómo hacer una conclusión aquí)

¿Qué características internas debemos conocer para saber cómo hacer un ensayo?

Además de estas partes esenciales, para saber cómo hacer un ensayo debemos conocer algunas de las características internas (cualidades) que este género literario posee:
  • El ensayo necesita tener actualidad del tema tratado. En este sentido, podemos guiarnos para la elección del tema tomando en cuenta el tipo de público al que va dirigido.
  • El ensayo no pretende agotar todas las posibilidades de un tema, sino que se enfoca sólo a una parte del mismo.
  • Se pueden parafrasear las citas que realicemos para amenizar la lectura (depende del estilo que busquemos).
  • Es importante que el ensayo tenga un carácter dialógico para mantener la atención del lector.
  • El ensayo puede servir como confesión, ser subjetivo.
  • A diferencia de otros géneros literarios, el ensayo carece de estructura rígida. Obedece, más bien, al discurrir de la mente del autor.
  • Por su estructura flexible, el ensayo acepta digresiones, siempre y cuando tengan una intención determinada dentro del cuerpo mismo del texto.
  • Debe sugerir algo o estimular a la reflexión, causar interés; y si logramos cambiar la perspectiva del lector respecto al tema, habremos triunfado.
  • ¿Cómo hacer un ensayo si no tienes tema definido? A partir de cualquier tema puede surgir un ensayo. Aquí encontramos varios ejemplos del padre del ensayo: Michel de Montaigne que te pueden ayudar a elegir el tema.
Cómo hacer un ensayo
Ahora que sabes a grandes rasgos cómo hacer un ensayo, una última sugerencia: es recomendable, antes de comenzar la escritura de tu ensayo, dar lectura a ensayos que estén consagrados por el paso del tiempo. El tiempo es sabio, dicen por allí, y los escritos que perduran diversas épocas lo hacen por su sencillez y porque, a pesar de tantos años, siguen siendo actuales. Cualquier duda de cómo hacer un ensayo te pido me la escribas en los comentarios.

Toro de la Vega

Sálvame

Puestos a elegir un debate moral, verdaderamente importante, y otro superficial, la preferencia de los españoles es clara: primero lo superficial

El debate sobre el Toro de la Vega de Tordesillas, ese espectáculo prehistórico por el cual ya sólo deberían expulsarnos de las comunidades europeas, derivó en otra discusión sobre la oportunidad o no de que los políticos aparezcan en ciertos programas televisivos tras la intervención por sorpresa hablando del tema del nuevo candidato socialista, Pedro Sánchez, en el programa estrella de la llamada televisión de entretenimiento, el mítico Sálvame.
La discusión sobre este segundo asunto eclipsó al primero, con lo que el pobre Toro de la Vega, como todos esos festejos caracterizados por su brutalidad pero que tanto éxito tienen en un país que parece que no sabe divertirse si no es maltratando a un animal, quedó olvidado casi del todo hasta que el próximo año por estas fechas vuelva de nuevo a la actualidad. Lo cual demuestra que aquí los acontecimientos pasan como las nubes los días de viento por el cielo, pero también que, puestos a elegir entre un debate moral, verdaderamente importante, y otro superficial, la preferencia de los españoles es clara: primero lo superficial.
La última vez que me invitaron a intervenir en un programa televisivo me advirtieron enseguida de que podía hablar de todo menos de literatura. ¿La razón? Que los jóvenes no leen y que el público del programa al que me invitaban era mayoritariamente joven. La advertencia no me pilló por sorpresa, pues ya en otra ocasión, no sé si en esa o en otra televisión, tras aceptar acudir a ella, me habían aconsejado que no hablara más de un minuto y medio seguido porque, según el presentador, a partir del minuto y medio “el espectador normal desconecta”. Fue el último programa al que acudí. Desde entonces, cada mañana rezo una oración, la única en todo el día: “¡Señor, sálvame de mis compatriotas!”.
José Luis Sampedro
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MIRADAS son textos escritos por José Luis Sampedro exclusivos para su página oficial de ClubCultura.com, o bien textos recónditos rescatados del olvido, en los cuales predomina un análisis crítico, desinhibido, políticamente incorrecto, ácido -si la ocasión lo merece- aunque -a veces- esperanzador, de la sociedad en la que le ha tocado vivir.

           MIRADAS ANTERIORES
 Cuando yo era un muchacho, en la España de 1931, vivía en Aranjuez un Maestro Nacional llamado D. Justo G. Escudero Lezamit. A punto de jubilarse, acudía a la escuela incluso los sábados por la mañana aunque no tenía clases porque allí, en un despachito que le habían cedido, atendía su biblioteca circulante. Era suya porque la había creado él solo, con libros donados por amigos, instituciones y padres de alumnos. Sus “clientes” éramos jóvenes y adultos, hombres y mujeres a quienes sólo cobraba cincuenta céntimos al mes por prestar a cada cual un libro a la semana. Allí descubrí a Dickens y a Baroja, leí a Salgari y a Karl May.
Muchos años después hice una visita a un bibliotequita de un pueblo madrileño. No parecía haber sido muy frecuentada, pero se había hecho cargo recientemente una joven titulada quien había ideado crear un rincón exclusivo para los niños con un trozo de moqueta para sentarlos. Al principio las madres acogieron la idea con simpatía porque les servía de guardería. Tras recoger a sus hijos en el colegio los dejaban allí un rato mientras terminaban de hacer sus compras, pero cuando regresaban a por ellos, no era raro que los niños, intrigados por el final, pidieran quedarse un ratito más hasta terminar el cuento que estaban leyendo. Durante la espera, las madres curioseaban, cogían algún libro, lo hojeaban y veces también ellas quedaban prendadas. Tiempo después me enteré de que la experiencia había dado sus frutos: algunas lectoras eran mujeres que nunca habían leído antes de que una simple moqueta en manos de una joven bibliotecaria les descubriera otros mundos.
Y aún más años después descubrí otro prodigio en un gran hospital de Valencia. La biblioteca de atención al paciente, con la que mitigan las largas esperas y angustias tanto de familiares como de los propios enfermos fue creada por iniciativa y voluntarismo de una empleada. Con un carrito del supermercado cargado de libros donados, paseándose por las distintas plantas, con largas peregrinaciones y luchas con la administración intentando convencer a burócratas y médicos no siempre abiertos a otras consideraciones, de que el conocimiento y el placer que proporciona la lectura puede contribuir a la curación, al cabo de los años ha logrado dotar al hospital y sus usuarios de una biblioteca con un servicio de préstamos y unas actividades que le han valido, además del prestigio y admiración de cuantos hemos pasado por ahí, un premio del gremio de libreros en reconocimiento a su labor en favor del libro.Evoco ahora estos tres de entre los muchos ejemplos de tesón bibliotecario, al enterarme de que resurge la amenaza del préstamo de pago. Se pretende obligar a las bibliotecas a pagar 20 céntimos por cada libro prestado en concepto de canon para resarcir –eso dicen- a los autores del desgaste del préstamo. Me quedo confuso y no entiendo nada.
En la vida corriente el que paga una suma es porque:
a) obtiene algo a cambio
b) es objeto de una sanción.
Y yo me pregunto: ¿qué obtiene una biblioteca pública, una vez pagada la adquisición del libro para prestarlo? ¿O es que debe ser multada por cumplir con su misión, que es precisamente ésa, la de prestar libros y fomentar la lectura?
Por otro lado, ¿qué se les desgasta a los autores en la operación? ¿Acaso dejaron de cobrar por el libro vendido? ¿Se les leerá menos por ser lecturas prestadas? ¿Venderán menos o les servirá de publicidad el préstamo como cuando una fábrica regala muestras de sus productos?
Pero, sobre todo: ¿Se quiere fomentar la lectura? ¿Europa prefiere autores más ricos pero menos leídos? No entiendo a esa Europa mercantil.
Personalmente prefiero que me lean y soy yo quien se siente deudor con la labor bibliotecaria en la difusión de mi obra. Sépanlo quienes, sin preguntarme, pretenden defender mis intereses de autor cargándose a las bibliotecas. He firmado en contra de esa medida en diferentes ocasiones y me uno nuevamente a la campaña.
¡NO AL PRÉSTAMO DE PAGO EN BIBLIOTECAS!

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