martes, 21 de abril de 2015

ASESINATO EN INSTITUTO DE BARCELONA


La ballesta que usó el menor fue regalada al padre hace 20 años

Los Mossos hallaron tres ballestas de juguete, dos escopetas de balines y un machete en la habitación del niño, además de un croquis del instituto

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Ataque con ballesta en el instituto Joan Fuster de Barcelona
Padres y alumnos del instituto Joan Fuster de Barcelona, el lunes. / CONSUELO BAUTISTA
La ballesta que usó el menor en el ataque al instituto Joan Fuster de Barcelona, en el que resultó muerto un profesor, es propiedad de su padre, que la recibió como regalo hace unos 20 años. Esa es la respuesta que los padres del chico, de 13 años, dieron a los agentes que el lunes pasado registraron la vivienda familiar. Se trata de un arma profesional, aunque de pequeñas dimensiones, que, según fuentes judiciales, requiere licencia. El padre explicó, además, que habitualmente la guardaba en otra casa. Si el menor la cogió a hurtadillas o accedía a ella con regularidad es algo que, por ahora, los investigadores ignoran.
La policía catalana halló otras tres ballestas en el dormitorio del menor, aunque de juguete, que el chico había fabricado con alambre y gomas. En el mismo dormitorio fueron encontradas dos escopetas de balines —guardadas en fundas, de las que se usan en ferias— y un machete de grandes dimensiones, según fuentes judiciales. Junto a ese pequeño arsenal, los agentes se incautaron también de libretas con anotaciones. En una de ellas hay un croquis con el plano de lo que parece ser el instituto Joan Fuster. También hay dibujos, como el de unos monstruos con un escrito al pie: “Tenemos que matarlos a todos”.
Los Mossos se llevaron también dos libros de la habitación del menor: la Guía de supervivencia zombi y una obra de Fernando Lalana, escritor de literatura infantil y juvenil. Los agentes analizarán el contenido de un ordenador portátil que usaban tanto el menor como sus padres. Estos también mencionaron, según fuentes cercanas al caso, que su hijo acudía a un psicólogo. En el registro de la habitación no se hallaron medicamentos que indicaran que el chico estaba recibiendo tratamiento psiquiátrico.
Desde el instituto ayer volvieron a insistir en que no tenían ninguna noticia de que el preadolescente tuviera antecedentes por problemas psicológicos. A la hora de la preinscripción escolar, el departamento de Enseñanza le pide a los padres que manifiesten si los menores tienen necesidades educativas específicas, de cara a movilizar los recursos para ayudarles. En concreto, se tiene que informar si el alumno tiene “transtornos graves de la personalidad o de conducta”.
Los padres mencionaron a los agentes que el niño acudía al psicólogo
Irene Rigau, consejera catalana de Enseñanza, explicó ayer en Catalunya Ràdio que el menor no tenía expedientes disciplinarios abiertos pero, debido a una caída en su rendimiento escolar se le estaba haciendo seguimiento. Los padres tenían que firmar a diario las notas de los profesores e informarse de los deberes que tenía que hacer. En las últimas semanas, según la consejera, se notaba que el alumno “se iba cerrando”. “Fuera del brote (psicótico) es un alumno fantástico”, dijo David Jurado, el profesor de educación física que logró calmarlo tras el ataque.
“Estaba previsto que los padres fueran a hablar pronto con los maestros”, aseguró Rigau, que insistió en la seguridad en los centros educativos catalanes. La madre del menor es enfermera, el padre es trabajador social y el chico tiene una hermana que también asiste a clase al Joan Fuster.
Los Mossos no encontraron las listas negras supuestamente hechas por el menor y que algunos de sus compañeros aseguran que existían. En ellas aparecían, supuestamente, los nombres de algunos de sus compañeros, sobre todo con los que compartió aula en primaria en la escuela El Sagrer, cercana a su domicilio, y algunos profesores.
La investigación abierta por el juez de instrucción número 24 de Barcelona, Josep Majó, prevé ser rápida y corta. El juez está pendiente de recibir la autopsia sobre la muerte del profesor Abel Martínez. El magistrado no prevé tomar declaración a los padres del chico, aunque remitirá toda la información que le llegue de los Mossos a la Dirección General de Atención a la Infancia y la Adolescencia (DGAIA) de la Generalitat para que valore la situación del menor y adopte las medidas que considere oportunas. El homicida tiene 13 años y, según dicta la ley, no puede ser imputado porque a esa edad está exento de responsabilidad penal.
La DGAIA sigue a la espera de que se le remita el diagnóstico del menor, que ayer seguía internado en la unidad psiquiátrica del hospital Sant Joan de Déu. Dependiendo de este informe, el departamento evaluará el entorno familiar del menor. Los otros dos menores, de 13 y 14 años, que fueron heridos recibieron ayer el alta médica del hospital de Sant Pau.
Montserrat Pàmies, presidenta de la Sociedad Catalana de Psiquiatría y Psicología Clínica Infantojuvenil, explicó que los casos de brotes psicóticos en menores de 18 años son muy poco frecuentes. “Solo ocurre en el 0,05 % de los casos antes de los 14 años”, explicó la experta.
El año pasado, 60.000 menores fueron derivados a atención especializada psicológica, explicó Xavier Trabado, vicepresidente de Obertament, una asociación catalana que combate contra el estigma de las enfermedades mentales. “Solo hasta ahora, con experiencias pilotos, se está probando en el ámbito escolar equipos multifuncionales de servicios sanitarios y de ayuda social”, asegura Trabado. “Es importante que padres e hijos superen el miedo a buscar ayuda”, asegura.

martes, 7 de abril de 2015

Percebes o lechugas o taburetes

Percebes o lechugas o taburetes

Alguien a quien no le interesa leer es alguien a quien le trae sin cuidado saber por qué está en el mundo

El titular no podía ser más triste para quienes pasamos ratos magníficos en esos establecimientos: “Cada día cierran dos librerías en España”. El reportaje de Winston Manrique incrementaba la desolación: en 2014 se abrieron 226, pero se cerraron 912, sobre todo de pequeño y mediano tamaño. Las ventas han descendido un 18% en tres años, pasándose de una facturación global de 870 millones a una de 707. La primera reacción, optimista por necesidad, es pensar que bueno, que quizá la gente compra los libros en las grandes superficies, o en formato electrónico, aunque aquí ya sabemos que los españoles son adictos a la piratería, es decir, al robo. Nadie que piratee contenidos culturales debería tener derecho a indignarse ni escandalizarse por el latrocinio a gran escala de políticos y empresarios. “¡Chorizos de mierda!”, exclaman muchos individuos al leer o ver las noticias, mientras con un dedo hacen clic para choricear su serie favorita, o una película, o una canción, o una novela. “Quiero leerla sin pagar un céntimo”, se dicen. O a veces ni eso: “Quiero tenerla, aunque no vaya a leerla; quiero tenerla sin soltar una perra: la cultura debería ser gratis”.
Pero el reportaje recordaba otro dato: el 55% no lee nunca o sólo a veces. Y un buen porcentaje de esa gente no buscaba pretextos (“Me falta tiempo”), sino que admitía con desparpajo: “No me gusta o no me interesa”. Alguien a quien no le gusta o no le interesa leer es alguien, por fuerza, a quien le trae sin cuidado saber por qué está en el mundo y por qué diablos hay mundo; por qué hay algo en vez de nada, que sería lo más lógico y sencillo; qué ha pasado en la tierra antes de que él llegara y qué puede pasar tras su desaparición; cómo es que él ha nacido mientras tantos otros no lo hicieron o se malograron antes de poder leer nada; por qué, si vive, ha de morir algún día; qué han creído los hombres que puede haber tras la muerte, si es que hay algo; cómo se formó el universo y por qué la raza humana ha perdurado pese a las guerras, hambrunas y plagas; por qué pensamos, por qué sentimos y somos capaces de analizar y describir esos sentimientos, en vez de limitarnos a experimentarlos.

El que no lee acepta estar en el mundo que le ha tocado en suerte como un animal
A ese individuo no le provoca la menor curiosidad que exista el lenguaje y haya alcanzado una precisión y una sutileza tan extraordinarias como para poder nombrarlo todo, desde la pieza más minúscula de un instrumento hasta el más volátil estado de ánimo; tampoco que haya innumerables lenguas en lugar de una sola, común a todos, como sería también lo más lógico y sencillo; no le importa en absoluto la historia, es decir, por qué las cosas y los países son como son y no de otro modo; ni la ciencia, ni los descubrimientos, ni las exploraciones y la infinita variedad del planeta; no le interesa la geografía, ni siquiera saber dónde está cada continente; si es creyente, le trae al fresco enterarse de por qué cree en el dios en que cree, o por qué obedece determinadas leyes y mandamientos, y no otros distintos. Es un primitivo en todos los sentidos de la palabra: acepta estar en el mundo que le ha tocado en suerte como un animal –tipo gallina–, y pasar por la tierra como un leño, sin intentar comprender nada de nada. Come, juega y folla si puede, más o menos es todo.
Tal vez haya hoy muchas personas que crean que cualquier cosa la averiguarán en Internet, que ahí están los datos. Pero “ahí” están equivocados a menudo, y además sólo suele haber eso, datos someros y superficiales. Es en los libros donde los misterios se cuentan, se muestran, se explican en la medida de lo posible, donde uno los ve desarrollarse e iluminarse, se trate de un hallazgo científico, del curso de una batalla o de las especulaciones de las mentes más sabias. Es en ellos donde uno encuentra la prosa y el verso más elevados y perfeccionados, son ellos los que ayudan a comprender, o a vislumbrar lo incomprensible. Son los que permiten vivir lo que está sepultado por siglos, como La caída de Constantinopla 1453 del historiador Steven Runciman, que nos hace seguir con apasionamiento y zozobra unos hechos cuyo final ya conocemos y que además no nos conciernen. Y son los que nos dan a conocer no sólo lo que ha sucedido, sino también lo que no, que con frecuencia se nos aparece como más vívido y verdadero que lo acaecido. Al que no le gusta o interesa leer jamás le llegará la emoción de enfrascarse en El Conde de Montecristo o en Historia de dos ciudades, por mencionar dos obras que no serán las mejores, pero se cuentan entre las más absorbentes desde hace más de siglo y medio. Tampoco sabrá qué pensaron y dijeron Montaigne y Shakespeare, Platón y Proust, Eliot, Rilke y tantos otros. No sentirá ninguna curiosidad por tantos acontecimientos que la provocan en cuanto uno se entera de ellos, como los relatados por Simon Leys en Los náufragos del “Batavia”, allá en el lejanísimo 1629. De hecho ignora que casi todo resulta interesante y aun hipnotizante, cuando se sumerge uno en las páginas afortunadas. Es sorprendente –y también muy deprimente– que un 55% de nuestros compatriotas estén dispuestos a pasar por la vida como si fueran percebes; o quizá ni eso: una lechuga; o ni siquiera: un taburete.
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Cuestiones

-Resumen
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"(ese individuo ) Es un primitivo en todos los sentidos de la palabra: acepta estar en el mundo que le ha tocado en suerte como un animal –tipo gallina–, y pasar por la tierra como un leño, sin intentar comprender nada de nada. Come, juega y folla si puede, más o menos es todo".