lunes, 21 de enero de 2019

Juaancho Marqués, poeta

QUEMA CON MARÍA JOSÉ LLERGO

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Letra de la canción

Apuntaba con pistola pero llevaba una rosa, 
En la mano, detrás de la espalda, 
Afrontaba to' diciendo "qué más da", 
Con los dedos cruzados y en guardia, 
Con más recuerdos que proyectos de futuro, 
Empezó a escribir las cosillas pendientes, 
No ponía la mano en la baldosa, 
Porque la huella la dejaba en la gente, 
Se guarda los problemas para casa, 
No es de confiar en nadie pero aprieta cuando abraza, 
Mil doscientas conversaciones pendientes, 
Y una máscara gigante oculta todo lo que le pasa, 
Se acuerda de los suyos, es alguien mental, 
No ha conocido otra forma de rezar, 
Les habla cada vez que se quiere matar, 
Incluso le llegaba a funcionar, 
Y una lágrima en la arena cayó el día que se fueron, 
Era el de la buena cara para los demás, 
Ahora se encuentra con ellos en los sueños, 
Les abraza y están fríos, despierta en el suelo.
Después sale a la calle como si na', 
No lo evade como los demás, 
Nunca ha si'o como los demás, 
Esperando ver amanecer, 
Después sale a la calle como si na', 
No lo evade como los demás, 
Nunca ha si'o como los demás, 
Esperando ver amanecer. 
Después sale a la calle como si na'. 

No quieras medir mi rumbo, 
Mi destino es el que manda mil estrellas, 
No quieras herirme siempre, 
Los cuchillos no se clavan en mi arena, 
Y sé que solo el tiempo entiende loquera, 
Que el dolor en mi fragua, ¡Quema! 
De momento quema, ¡Ooh!

viernes, 18 de enero de 2019

Cartas de amor de una monja portuguesa


Cartas de amor de una monja portuguesa

Mariana Alcoforado, Cartas de amor de una monja portuguesa (México: Ediciones Coyoacán, 2005).

El libro está compuesto por cinco cartas escritas por Sor Mariana Alcoforado, entre 1667 y 1668, en el convento de Beja, en Alentejo. Están dirigidas a Noel Bouton de Chamilly, miembro del ejército francés que apoyaba, dice Ida Vitale en el Prólogo, los afanes portugueses por independizarse de España. En el momento que escribe las cartas es ya una monja profesa. Según se nos cuenta, un día ve pasar desde la terraza del convento a un grupo de oficiales franceses entre los cuales distingue a Noel Bouton. Éste a su vez repara en Mariana.
El rigor de los conventos no era mucho, señala Vitale, como es bien sabido; no faltaba la comprensión y la complicidad de otras religiosas, por lo mismo que abundaban las que se consumían por intereses familiares o por simple abandono en una clausura para la cual carecían de vocación. Cierta amplitud de mangas aseguraba contra perturbaciones mayores, arrebatos de misticismo, endemoniadas y milagrosas, epidemias que se contagiaban de un convento a otro combatidas por la iglesia a sangre y fuego.
Bajo este contexto se despierta la incontenible pasión de Mariana; el goce, la emoción, las reuniones a escondidas, la transgresión a las normas establecidas, pero también el dolor, la frustación y, por fin, el abandono del amante. Él, regresa a Francia después de disfrutar de la compañía de la monjita en su celda del convento.

Estas cartas fueron publicadas originalmente de manera anónima en Francia por Claude Barbin, adaptadas al francés por Gabriel de Lavergne, conde de Guilleragues. Se llegaron a editar con el nombre de Guilleragues, gracias a Frederic Delofre. De esta forma pasaban a ser mera ficción, borrando del mapa a Mariana Alcoforado. Después, en la época de Rousseau, "con su habitual desdén por el intelecto femenino había descartado la posibilidad de que una simple mujer pudiese no sólo experimentar pasión sino expresarla por escrito de manera convincente". Sin embargo, siguieron las investigaciones y una búsqueda profunda afirmó la existencia de Mariana Alcoforado:
Se supo que fue algo más que portera de su convento; llegó a superiora del mismo. No murió de amor como pensó en algún momento de su desesperada pasión sino que vivió hasta los ochenta y tres años, sobreviviendo en ocho a su amante.
Quizá el personaje se impuso a su autora y la monja portuguesa triunfe por sobre Mariana Alcoforado. Después de más de tres siglos de haberse publicado, estas cartas conforman una notable obra epistolar que ha sido llevada al teatro y al cine. Me parece, que más que lo escrito en estas cartas es el hecho lo que ha llamado la atención a través de los siglos: dentro de una tradición judeo cristiana que una religiosa del siglo XVII se atreva a introducir a su celda a un oficial francés y lo haga su amante, es el escándalo.
Lamento, sólo por vuestro amor, todos los placeres infinitos que habéis perdido: ¿es posible que no los quisiérais gozar? ¡Ah! Si los conociérais sin duda veríais que son mucho más intensos que lo que os produce mantenerme engañada y comprenderíais que uno es mucho más feliz, que siente algo mucho más fuerte, cuando ama de manera violenta que cuando es amado.(Fragmento de la tercera carta).

Aún las religiosas más severas se compadecen del estado en que estoy, incluso me tratan con cierta consideración y miramientos. Todos se sienten conmovidos por mi amor. Sólo tu permaneces en tan profunda indiferencia, sin escribirme más que cartas frías; llenas de reiteraciones, la mitad del papel sin utilizar, se me hace groseramente evidente que te mueres de ganas de terminarlas rápidamente (Fragmento de la cuarta carta).

miércoles, 9 de enero de 2019

Las amistades peligrosas




 (s XVII)



El autor francés Pierre-Ambroise François Choderlos de Laclos (1741–1803) publicó Les Liaisons dangereuses (Relaciones peligrosas) en 1782, firmado sólo con sus iniciales. Considerada por muchos una obra escandalosa, la novela epistolar grabó el nombre de Laclos en la tradición literaria del siglo XVIII, en la que prosperó la ficción en forma de cartas y memorias supuestamente descubiertas, y en la que el libertinaje y el anonimato estaban relacionados entre sí. En la novela, los personajes de Merteuil y Valmont, miembros de la aristocracia de una sociedad enrarecida y excesivamente afectada a finales del antiguo régimen, idean una trampa infernal en la que ellos mismos caen, lo que da lugar al final trágico de la historia. El increíble éxito de Les Liaisons dangereuses (Relaciones peligrosas) sólo se compara al de La Nouvelle Héloïse (La nueva Eloísa) de Jean-Jacques Rousseau, 20 años antes. La novela, que en un principio Laclos tituló Le danger des liaisons (El peligro de las relaciones), está impregnada de tensión y ambigüedad moral, y los críticos han discutido por mucho tiempo si la intención de Laclos fue escribir una obra que expusiera la decadencia de la sociedad aristocrática de su época

Publicada en 1782, esta novela de Pierre Choderlos de Laclos tiene como principales protagonistas a la marquesa de Merteuil y al vizconde de Valmont. La marquesa de Merteuil es una viuda depravada que sabe encubrir su mala conducta; ha mantenido relaciones de amistad con el vizconde de Valmont, su ex amante, seductor de profesión. Para vengarse de otro antiguo amante que se prepara a casarse con una joven apenas salida del colegio, la señorita Cécile de Volanges, y que anticipadamente se alaba de quedar inmune de desgracias conyugales, la Marquesa incita a Valmont a seducir a la jovencita.

Pero Valmont está interesado en la conquista de una austera y bellísima virtud, la presidenta de Tourvel, y la consigue con arte sutil, explotando la inocencia, la compasión y la superior bondad de la mujer. Después, airado contra la señora de Volanges, que ha hablado mal de él, Valmont trama la ruina de su hija, Cécile de Volanges, y, fingiéndose intermediario en el amor entre ella y el joven y honesto caballero Danceny, la corrompe en el alma y en el cuerpo, ayudado por la Merteuil, triste consejera de la muchacha.

Seducida la Tourvel, Valmont la abandona, ofendiéndola vilmente, después de lo cual espera el premio prometido por la marquesa de Merteuil, es decir, su favor renovado. Pero la Marquesa se lo niega, prefiriendo al joven Danceny. En un duelo entre los dos, Valmont es herido y, moribundo, revela a su rival quién es la mayor culpable y el mal que ha hecho. La marquesa de Merteuil, conocida y vilipendiada por todos, huye al extranjero, desfigurada por la viruela; la Tourvel, retirada en un convento, muere de pena; y al convento vuelve, decidida a permanecer en él, Cécile de Volanges.

Los sucesos, que se dicen ocurridos en Grenoble, sobre todo algunos de los episodios más libres, recuerdan a la literatura libertina del XVIII; no se puede decir que la obra se redima por fin con el castigo de los culpables y con la ruina que sigue al mal. La redime más bien la trágica fuerza de la patética figura de la Tourvel, y el estudio despiadado del perverso corazón humano, descrito con una lucidez sthendaliana.


La novela pareció una especie de manual de maquiavelismo amoroso, pero es mucho más que eso, por el soplo maléfico, por el "satanismo" que admiraba en ella Baudelaire. La forma epistolar no disminuye la continua energía del libro, en tanto que da relieve a las figuras. Valmont es un tipo tan activo y abierto que llega a oscurecer un poco a su secreta y pérfida animadora, la señora de Merteuil. Las amistades peligrosas puede, en este sentido, considerarse como una de las obras más características del siglo XVIII francés; lúcida y amarga, constituye un precedente del agudo realismo psicológico.

Las amistades peligrosas


...¿No ha notado aún que el placer, que es el único objeto de la unión de dos sexos, no es suficiente para constituir un lazo entre dos seres? ¿Qué si es precedido del deseo que los une, es seguido del disgusto y hastío que los separa? ¿Es una ley de la naturaleza sentir el amor a voluntad? Fuerza es tenerlo en toda ocasión; y sería el caso arduo si no bastara que lo hubiese de una sola parte. La dificultad se ha resuelto, pues, a medias; en efecto, uno goza del placer de amar, otro de ser amado, menos vivo en verdad, pero al cual se une el placer de engañar, que sirve de compensación; y todo se arregla así...
...Sepa que deploro a veces que estemos reducidos a estos recursos. En el tiempo en que nos amamos, y yo creo que aquello era amor, yo era dichosa, ¿y usted, vizconde?... Pero, ¿a qué ocuparse ahora de una dicha que no puede volver?...


Madame de... (Max Ophüls, 1953

Las amistades peligrosas (Stephen Frears, 1989




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