lunes, 13 de febrero de 2023

cartas literarias de amor

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Banksy









Pessoa 



m 33
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Carta de Fernando Pessoa a Ofelia Queiroz

Carta de Fernando Pessoa a Ofelia QueirozEl 30 de noviembre de 1935  moría Fernando Pessoa, uno de los más grandes poetas de la Península ibérica.
Traemos hoy un fragmento de una carta que escribió a Ofelia Queiroz, de quien estuvo enamorado.

Ophelia Queiroz
Ophelia Queiroz

Ofelia Queiroz era una joven perteneciente a la burguesía lisboeta a quien el poeta conoce cuando ella tenía 19 años y él algo más de 30.
Mantuvieron una relación intermitente y tormentosa que podemos  rastrear a través de una correspondencia publicada por primera vez en 1978 y posteriormente en 1996, tras la muerte de Ofelia acaecida en 1991. En ella ven la luz las misivas enviadas por ella. En total unas 110 cartas; el crítico David Mourao Ferreira, tras estudiarlas detenidamente, sostiene que en realidad la relación fue un menage a trois virtual en la que el heterónimo de Pessoa –uno de ellos: Álvaro de Campos- jugó un papel decisivo.

Carta de Fernando Pessoa a Ofelia Queiroz

Fragmento de una carta fechada el 29 de septiembre de 1929:

«He alcanzado la edad en la que se tiene pleno control de las cualidades propias, y la inteligencia ha adquirido la fuerza y destreza que puede lograr. Así pues, es el momento de hacer mi obra literaria, completando un par de cosas, agrupando otras, escribiendo las que están por escribir. Para llevar a cabo este trabajo, necesito un poco de paz y aislamiento. No puedo, por desgracia, abandonar la oficina donde trabajo (no puedo, claro está, porque no tengo rentas), pero sí puedo, reservando para la oficina dos días de la semana (miércoles y sábados), tener como míos y para mí los cinco días restantes. Ahí tienes la famosa historia de Cascaes. Toda mi vida futura depende de que pueda o no hacer esto, y pronto. Por otro lado, mi vida gira en torno a mi obra literaria – buena o mala, que sea, o podría ser. Todo lo demás en la vida tiene un interés secundario para mí: hay cosas que, por supuesto, estimaría tener, y otras que da igual vengan o no vengan. Es necesario que todos los que me tratan se convenzan de que estoy bien así, y que requerir de mí sentimientos, de hecho muy dignos, propios de un hombre ordinario y trivial, es como exigirme tener los ojos azules y el pelo rubio. Y tratarme como si fuera otra persona no es la mejor manera de conservar mi afecto. Mejor tratar así a quien sea así, pero en este caso es “dirigirse a otra persona”, o algo parecido. Me gustas mucho -mucho- Ophelinha. Aprecio mucho -muchísimo- tu carácter y tus sentimientos. Si me caso, no me casaré más que contigo. La cuestión es saber si el matrimonio, el hogar (o como se le quiera llamar) son cosas compatibles con mi vida y pensamientos. Yo lo dudo. Por ahora, y en breve, quiero organizar esta vida mía de pensamiento y trabajo. Si no puedo organizarla, está claro que ni siquiera podría pensar en el matrimonio.»


Dos caricaturas de Pessoa
Dos caricaturas de Pessoa

Como complemento a la carta nos parece adecuado reproducir aquí este poema de Pessoa sobre el tema que nos ocupa:
Fernando Pessoa

Todas las cartas de amor son ridículas...*
Todas las cartas de amor son
ridículas.
No serían cartas de amor si no fuesen
ridículas.

También escribí en mi tiempo cartas de amor,
como las demás,
ridículas. 

Las cartas de amor, si hay amor,
tienen que ser
ridículas. 

Pero, al fin y al cabo,
sólo las criaturas que nunca escribieron cartas de amor
sí que son
ridículas. 

Quién me diera el tiempo en que escribía
sin darme cuenta
cartas de amor
ridículas. 

La verdad es que hoy mis recuerdos
de esas cartas de amor
sí que son
ridículos. 

(Todas las palabras esdrújulas,
como los sentimientos esdrújulos,
son naturalmente
ridículas).
* De su heterónimo Alvaro de  Campos
Versión  castellana de Miguel Ángel Flores








(Escribe por detrás tu ridícula carta de amor)







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Stefan Zweig   Carta de una desconocida (fragmento)

¿Es necesario que te cuente qué fue lo primero que hice cuando llegué a Viena —¡por fin! ¡por fin!— una noche neblinosa de otoño? Después de dejar las maletas en la estación, me apresuré a coger un tranvía —qué lento me pareció que iba; cada parada me sacaba de quicio— y fui corriendo hasta delante de nuestra casa. Las ventanas de tu piso estaban iluminadas, todo mi corazón retumbaba. No fue hasta entonces que la ciudad, que me había dado la bienvenida de una manera que había hecho sentirme extraña y absurda, revivió de nuevo. Fue entonces cuando sentí que estaba recobrando la vida porque sabía que te tenía cerca, a ti, mi eterno sueño. Ni se me ocurría pensar que tu conciencia pudiera estar muy lejos, más allá de lagos, valles y montañas, cuando sólo quedaba el cristal iluminado de tu ventana entre tú y mi mirada centelleante. Yo sólo miraba y miraba hacia arriba: había luz, allí estaba tu casa, allí estabas tú, allí estaba mi mundo. Dos años había estado deseando aquel momento y ahora se me había concedido. Estuve muchas horas delante de tus ventanas en aquella suave noche neblinosa, hasta que se apagó la luz. Entonces me fui a casa.
Cada noche esperaba delante de tu casa. A las seis salía del trabajo en la tienda, un trabajo duro y que requería mucho sacrificio, pero me parecía bien, ya que este esfuerzo me ayudaba a no sentir tanto dolor por ti. De modo que, después que bajaran las estridentes persianas metálicas, corría hacia mi amado objetivo. Verte una vez, encontrarte una sola vez, ése era mi único anhelo, poder envolver tu rostro con mi mirada una vez más. Sucedió al cabo de una semana, más o menos. Me crucé contigo precisamente cuando no lo esperaba: mientras miraba hacia arriba, hacia tu ventana, tú cruzabas la calle. De repente volví a ser esa niña de trece años que sentía cómo la sangre le sonrojaba las mejillas. Involuntariamente, contra el impulso más profundo de querer sentir tus ojos, bajé la cabeza al pasar por tu lado y me puse a andar rápida como un rayo. Después me arrepentí de aquella huida miedosa de colegiala, porque entonces sabía claramente lo que quería: encontrarte. Te buscaba y estaba segura de que me reconocerías después de todos aquellos malditos años de nostalgia. Quería que me hicieses caso, que me quisieras.
Pero no te diste cuenta de mi presencia, ni mucho menos, aunque estaba cada noche en tu calle, tanto si nevaba como si soplaba ese viento vienés que parece que te corta al pasar. A menudo esperaba muchas horas en vano, algunas veces salías al fin de casa, casi siempre acompañado; dos veces te vi en compañía de mujeres y fue entonces cuando comprendí que ya era adulta. Noté la diferencia entre mis sentimientos hacia ti porque el corazón se me encogía y el alma se me partía cuando veía a una mujer desconocida caminando muy segura de sí misma cogida de tu brazo. No me sorprendía. Yo ya conocía de antes tus inacabables visitas femeninas, pero de pronto, sin saber cómo, el dolor que aquello me provocaba era físico. Algo se tensaba dentro de mí y sentía a la vez hostilidad e interés por esa complicidad carnal manifestada con otra. Un día decidí no ir a tu casa, orgullosa igual que una niña, como era yo todavía y como quizás aún no he dejado de ser. ¡Qué terrible fue esa noche vacía, tan llena de obstinación y rebeldía! Al día siguiente estaba de nuevo delante de tu casa humildemente, esperando mi destino como he esperado durante toda mi vida delante de tu vida cerrada.
Pero una noche, por fin, te diste cuenta. Te había visto venir a lo lejos y me obligué a no esquivarte. La casualidad quiso que un camión que estaba descargando dejara poco espacio en la calle y tuviste que pasar tan cerca de mí que me rozaste. Tu mirada distraída me acarició sin quererlo y en el acto, en cuanto se encontró con la atención de mis ojos, se convirtió en aquella manera tuya de mirar a las mujeres —cómo me estremecieron los viejos recuerdos—, esa mirada tierna que te envuelve y a la vez te desnuda, que te rodea y casi te toca, la misma que una vez había despertado en mí a la mujer y a la amante. Tu mirada, de la que yo no podía ni quería deshacerme, aguantó la mía uno o dos segundos, y luego continuaste adelante. El corazón me latía con fuerza, me vi obligada a ralentizar el paso y, cuando me di la vuelta por un impulso que no se dejaba reprimir, vi que te habías detenido a mirarme. Y por la forma en que me observabas, una mezcla de curiosidad e interés, lo supe enseguida: no me habías reconocido.
No me reconociste, ni entonces ni en ningún otro momento, nunca me has reconocido. ¿Cómo te puedo describir, querido, la decepción de aquel instante? Por primera vez fui consciente de estar predestinada a que no me reconocieras durante toda mi vida, esa vida con la que ahora estoy acabando; desconocida para ti, aún no sabes quién soy. ¡Cómo puedo describirte esta decepción! Porque, verás, los dos años que estuve en Innsbruck, cuando pensaba en ti a todas horas y no hacía otra cosa que imaginarme nuestro primer reencuentro en Viena, había soñado muchas veces tanto con las posibilidades más salvajes como con las más espirituales, según mi estado de ánimo. Lo había planeado todo, si me permites decírtelo así. En los momentos más tristes me había imaginado que me despreciarías, que me rechazarías por ser demasiado poco para ti, demasiado fea o demasiado melosa. Todas las vías de desprecio, de frialdad, de indiferencia, todas me las había representado en visiones apasionadas, pero justamente ésta no me había arriesgado a considerarla ni en mis momentos más pesimistas, ni en los momentos en que tenía la conciencia más extrema de mi inferioridad, porque esto era lo peor que podía suceder: que no me reconocieras en absoluto. Ahora sí, ahora ya entiendo —¡ah, a comprender las cosas sí me has enseñado!— que la cara de una chica, de una mujer, resulta terriblemente cambiante para un hombre, porque no suele ser sino el reflejo de una pasión o de una ingenuidad o de una fatiga, que se borra tan fácilmente como la imagen de un espejo. Y un hombre puede olvidar rápidamente el rostro de una mujer, porque la edad que en ella se refleja cambia según si hay sol o sombra y según la forma de vestirse de un día para otro. Los que se resignan, éstos son los auténticos sabios. Pero yo, la chica de entonces, aún no podía entender tu mala memoria, porque de tanto ocuparme de ti, desmesuradamente, sin cesar, de alguna forma me había ido haciendo ilusiones de que tú también debías de haber estado pensando en mí y esperándome. ¡Cómo hubiese podido siquiera respirar si hubiese tenido la certeza de no significar nada para ti, de que ningún recuerdo mío te pasaba nunca, aunque fuese ligeramente, por la cabeza! Y ese destello de tu mirada que demostraba que ya no me conocías de nada, que ni un hilo de recuerdo de tu vida llegaba hasta la mía, fue la primera caída en la dura realidad, la primera señal de mi destino. 
"





Carta de Cortázar a Edith Aron (La Maga)


¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua.

(Rayuela, de Julio Cortázar, 1963)


Carta de Cortázar a Edith Aron (La Maga)



amor


"Querida Edith: 

No sé si se acuerda todavía del largo, flaco, feo y aburrido compañero que usted aceptó para pasear muchas veces por París, para ir a escuchar Bach a la Sala del Conservatorio, para ver un eclipse de luna en el parvis de Notre Dame, para botar al Sena un barquito de papel, para prestarle un pulóver verde (que todavía guarda su perfume, aunque los sentidos no lo perciban). 


Yo soy otra vez ése, el hombre que le dijo, al despedirse de usted delante del Flore, que volvería a París en dos años. Voy a volver antes, estaré allí en noviembre. Pienso en el gusto de volverla a encontrar, y al mismo tiempo tengo un poco de miedo de que usted esté ya muy cambiada, de que no le divierta la posibilidad de verme. Por eso le pido desde ahora y se lo pido por escrito porque me es más fácil que si usted está ya en un orden satisfactorio de cosas, si no necesita este pedazo de pasado que soy yo, me lo diga sin rodeos. Sería mucho peor disimular un aburrimiento. Me gustaría que siga siendo brusca, complicada, irónica, entusiasta, y que un día yo pueda prestarle otro pulóver."


(Edith Aron es, según muchos, la mujer que se convertiría en la Maga de Rayuela) 



jueves, 9 de febrero de 2023

canción para que nos guste los viernes: Patti Smith/ Zahara

Patti Smith


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 Cantante, compositora, poeta, artista provocadora, chamán del rock, activista política y social, icono punk de los 70, musa de grandes e irreverentes artistas, fotógrafa en blanco y negro, definida como «una de las pop stars y poetas más brillantemente dotadas desde Bob Dylan», Patti Smith es orín y azúcar, es miedo y siesta.
Muchas de sus canciones son fruto de su pasión inagotable por la escritura, que la conduce también a escribir poemas, prosas y reflexiones en carne viva, como queda muy claro, o muy oscuro, cuando uno se pelea con 'Babel' (Anagrama), antología de canciones, poemas y prosas. En 'Babel' sobrevuelan William Blake, Baudelaire, Rimbaud, Lautréamont, Bataille, ¡Genet!, e incluso Artaud. Patti Smith sirve en bandeja a sus seguidores su mente alucinada, su obsesión por el amor, el sexo, y la muerte; su brutal necesidad de ser libre para vivir intensamente, sus dolores y su falta de pudor a la hora de mostrarse obscena.
“Fue el verano en que Jimi Hendrix prendió fuego a su guitarra en Monterrey… Fue el verano del amor. Y en aquel clima cambiante e inhóspito, un encuentro casual cambió el curso de mi vida: fue el verano en que conocí a Robert Mapplethorpe”.
Se conocieron en el mes de julio de 1967, cuando eran unos niños, pero a partir de entonces Patti Smith -icono de la cultura pop-, y Robert Mapplethorpe, -el fotógrafo que triunfaría con sus trabajos polémicos en todo el mundo occidental a finales del siglo pasado- sellaron una amistad que sólo acabaría con la muerte del gran fotógrafo, en 1989. De eso habla este espléndido libro de memorias, de la vida en común de dos artistas, los dos entusiastas y apasionados, que cruzaron a grandes pasos la periferia de Nueva York para llegar hasta el centro neurálgico del nuevo arte.
Hija de una familia humilde, Smith tuvo que dejar la universidad para entrar a trabajar en una fábrica, pero siempre fue una ávida lectora y la poesía de Rimbaud marcó su vida y su carrera. La amistad con Mapplethorpe nació cuando los dos jóvenes buscaban una manera de expresar su vena artística, y la amistad entre ellos llegó al punto de que Smith dijo haberse casado con él para disimular la homosexualidad de Robert. A lo largo del libro, paseamos con los dos protagonistas por las calles de Nueva York a finales de los setenta y principios de los ochenta, un mundo ya perdido donde circulaban Allen Ginsberg, Andy Warhol y sus chicos, y se creaban las grandes bandas de música que marcaron los años finales del siglo XX, mientras el sida hacía estragos.
Lejos de ser un libro triste y nostálgico, Éramos unos niños es un texto cargado de vitalidad, de humor, que muestra la importancia de la amistad sin caer en el sensacionalismo. Sus páginas, cargadas de vitalidad y humor, nos devuelve el sabor de esa gran ciudad donde hubo un tiempo en el que casi todo era posible.
Eramos unos niños es una oda a Mapplethorpe, pero también es una carta de amor al arte de los años setenta en Nueva York. 
Ala muerte de su amigo escribió
“He vivido para el amor, he vivido para el arte”



BECAUSE THE NIGHT - PATTI SMITHTake me now baby here as I am ----------->Tómame ahora cariño, aquí como estoy
pull me close, try and understand-------->acércame a ti, intenta entender
desire is hunger is the fire I breathe--->el deseo es el hambre, es el fuego que        respiro 
love is a banquet on which we feed.------>el amor es un banquete donde nos alimentamos.

Come on now try and understand----------->Vamos, ahora intenta entender 
the way I feel when I'm in your hands---->como me siento cuando estoy en tus brazos
take my hand come undercover------------->toma mi mano descúbrete
they can't hurt you now,----------------->no pueden hacerte daño ahora, 
can't hurt you now, can't hurt you now--->no pueden dañarte, no pueden hacerte daño,
because the night belongs to lovers------>porque la noche pertenece a los amantes 
because the night belongs to love-------->porque la noche pertenece al amor
because the night belongs to lovers------>porque la noche pertenece a los amantes 
because the night belongs to love.------->porque la noche pertenece al amor.

Have I doubt when I'm alone-------------->Cuando estoy sola, dudo 
love is a ring, the telephone------------>amor es una llamada al teléfono 
love is an angel disguised as lust------->amor es un ángel disfrazado de lujuria 
here in our bed until the morning comes-->aquí en nuestra cama llegará la mañana 
come on now try and understand----------->vamos intenta entender 
the way I feel under your hand----------->como me siento bajo tus brazos 
take my hand as the sun descends--------->toma mi mano en el ocaso
they can't touch you now,---------------->no pueden tocarte ahora, 
can't touch you now, can't touch you now->no pueden tocarte ahora, no pueden
because the night belongs to lovers...--->porque la noche pertence a los amantes...

With love we sleep----------------------->Dormimos con amor
with doubt the vicious circle------------>dudando en el círculo vicioso
turn and burns--------------------------->revolcándonos y ardiendo
without you I cannot live---------------->no puedo vivir sin ti 
forgive, the yearning burning------------>perdona, mi ardiente deseo 
I believe it's time,--------------------->creo que es un momento 
to feel real----------------------------->para sentir realmente
so touch me now,------------------------->así que tómame ahora, 
touch me now, touch me now--------------->tómame ahora, tómame ahora,
because the night belongs to lovers------>porque la noche pertenece a los amantes 
because the night belongs to love-------->porque la noche pertenece al amor
because the night belongs to lovers------>porque la noche pertenece a los amantes
because the night belongs to love.------->porque la noche pertenece al amor.

Because me believe in the night with lovers-->Porque creo en la noche de amor
because me believe in the night with trust--->Porque creo en la noche verdadera
because the night belongs to lovers---------->porque la noche es de los amantes
because the night belongs to love.----------->porque la noche es para el amor.
Me gusta por la rabia de la canción, y porque plantea el tema del amor de manera inusual, con la noche como cómplice y con versos como “amor es una llamada al teléfono” o
“amor es un ángel disfrazado de lujuria”












"Merichane era el nombre con el que se conocía a la 'puta del pueblo'. Ese fue mi apodo en el colegio, tenía 12 años", se puede leer de forma previa a los créditos del videoclip dirigido por Guillermo Guerrero y disponible en YouTube, Spotify y el resto de plataformas, en sintonía con lo que se denuncia en el tema. Tras el lanzamiento de la canción, que se ha colado entre las tendencias en vídeo de la plataforma en menos de 24 horas, son varias las seguidoras que han compartido con la cantante varios episodios de acoso callejero o violencia sexual a través del 'hashtag' Yo estaba ahí, una fórmula repetida en 'Merichane'.

Merichane
Canción de Zahara
ResumenLetrasVídeosEscuchar



Merichane   Zahara
Yo estaba ahí cuando todos bailabanMojaban el dedo, se creían eternosYo estaba en el baño aguantando la puerta con mi espaldaMientras les besaba la lenguaYo estaba ahí en las oficinas de UniversalTragando sermones sobre mi gran potencialYo estaba ahí abrazada a la taza del váterYo era incapaz de soltarla y ellos de mirarme
Yo estaba ahí en urgencias acariciando el límiteNecesitaba algo infalibleYo estaba de rodillas pidiendo perdón a vuestro DiosPor no saber decirle que no
YoAún ahí, sin saber salirYoAún ahí, sin saber salirY no logro huir
Yo estaba ahí cambiándole el nombre a mis amantesEn la lista de contactosYo estaba ahí dejándole las bragas usadas en el armarioJodiéndole la vida a un extrañoYo estaba en la otra habitación, escuchaba su respiraciónDeseaba que no entraseYo estaba entre las sábanas a esperas del veranoDejando de ser quién había soñado
YoAún ahí, sin saber salirY no logro sacarme de allí
Yo estaba ahí con las llaves en la manoAcelerando el paso, fingiendo que hablaba con mi hermanoYo estaba ahí dejándome hacerCon tal de que acabase de una vezYo estaba ahí confesándome por haberme tocadoCreyendo que ese era el puto pecadoYo estaba ahí metiéndome los dedos hasta el fondoQueriendo vomitar las penas, la vida, el odio
YoAún ahí y sin saber salirYoAún ahí, sin saber salirY no logro, no sé cómo sacarme de allí






Utilizando sintetizadores para convertir su voz en una especie de eco, el tema arranca con las imágenes de varios hombres desfilando ante la pantalla de quienes se paran a ver el videoclip, que presenta de repente a una Zahara apodada con el nombre de Merichane. A lo largo de la canción, tal y como se refleja en la letra, se exponen diversas situaciones vividas en primera persona y compartidas por otras mujeres, con referencias que apelan también a cómo la religión católica 'condena' el deseo sexual de la mujer, al que rodea todavía muchos prejuicios sociales. "He querido contar lo que viví tal y como fue para mí. Llegar a hacerlo no ha sido fácil, he tenido que aceptar y asumir que aquellas historias sucedieron de verdad, pero que el mantenerlas escondidas no solo no me hacía sentir mejor sino que protegía a las personas que me habían hecho daño", ha especificado Zahara con respecto a 'Merichane'. A través de su perfil en Instagram, la cantante ha contado cómo se enteró en el colegio de que algunos compañeros se referían a ella, a las espaldas, con el nombre de Merichane, que en un principio no sabía lo que significaba. "Cuando pasaron unas semanas, en el patio del colegio, escuché a unos chicos que estaban hablando de una mujer del pueblo, una prostituta, a la que llamaban Merichane. En ese momento me di cuenta de que el mote que me habían puesto no era para nada amable, sino que era una forma de llamarme puta


domingo, 5 de febrero de 2023

Frankenstein de Mary Shelley

 


Remando al viento

Mary Shelley: la adolescente que creó a Frankenstein y la ciencia ficción moderna


La creación de Frankenstein forma parte del panteón de monstruos clásicos que existen en el imaginario cultural del terror. Muy famosa por el impacto que produjo la interpretación de Boris Karloff en su adaptación al cine, esta criatura es la protagonista de la novela Frankenstein o el moderno Prometeo, considerada una de las primeras novelas de la ciencia ficción moderna, tanto por su argumento como por los temas sobre los cuales reflexiona.

Pero uno de los puntos más llamativos de su creación no es solo el argumento que impresionó a la sociedad del siglo XIX, como nos sigue impresionando hoy en día, sino la persona que la plasmó sobre el papel: Mary Shelley, una joven de apenas 18 años. Descubre su fascinante historia:

Mary Shelley: la adolescente que creó a Frankenstein y la ciencia ficción moderna 1
Retrato de Mary Shelley (1797-1851), de Richard Rothwell [Wikicommons].

Una infancia y adolescencia turbulentas

Nacida en Inglaterra en 1797, su madre, la filosofa y activista feminista Mary Wollstonecraft, murió apenas un mes después de dar a luz. Eso dejó a su padre, el filósofo, político, novelista y primer exponente de la ideología anarquista, William Godwin, encargado de su educación que, aunque informal y caótica, fue también muy completa y rica. No obstante, el segundo matrimonio de su padre con Mary Jane Clairmont, con la que Mary Shelley jamás tuvo una buena relación, supuso un elemento de tensión que hizo que su vida en la casa paterna fuera muy problemática.

Todo eso contribuyó a que en 1814, con 16 años, Mary iniciara una relación amorosa con el afamado poeta Percy Bysshe Shelley, un hombre casado con el que se fugó, viajaron por Europa y vivieron un año en una relación de amor libre. Cuando regresaron a Inglaterra, con Mary ya embarazada, fueron rechazados por la puritana sociedad del momento, subsistiendo solo con las rentas familiares de Percy. Se casaron en 1816, después del suicidio de la primera mujer de Shelley.

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Retrato de Percy Bysshe Shelley (1819) Curran [Wikicommons].

Fue entonces cuando Mary vivió un golpe que la marcaría para siempre y que, desgraciadamente, viviría más de una vez: la muerte de su hija, nacida prematuramente. Las desgracias personales y su vida caótica contribuyeron a que Mary se sumiera en una depresión, de la cual surgiría uno de los monstruos más conocidos de la historia.

Todo comenzó durante una noche de tormenta

En Mayo de 1816, el matrimonio decidió pasar el verano en el pueblo suizo de Cologny en la Villa Diodate con, entre otros, el famoso poeta Lord Byron y la hermanastra de Mary. Esta escapada a orillas del Lago Leman iba a ser ideal para mejorar su estado de ánimo y pasar un verano agradable. No obstante, ese año el tiempo decidió no acompañar, y la lluvia les impidió salir durante días seguidos, y las historias de fantasmas se convirtieron en una manera de pasar las veladas en la lujosa casa.

Mary Shelley: la adolescente que creó a Frankenstein y la ciencia ficción moderna 6
Fotografía de la Villa Diodati, de Lord Byron, por Robert Grassi.

En una de esas noches a Byron se le ocurrió una idea: todos los presentes escribirían una historia de terror que tenía que inquietar y horrorizar a los demás. Al principio Mary lo pasó mal: no se le ocurría ninguna historia, y una creciente ansiedad se empezó a apoderar de ella. Pero en una conversación entre Lord Byron y Shelley, surgió el tema del origen de la vida, de los experimentos de la época, de los límites de la ciencia y de la idea de poder reanimar a un cadáver.

Esta conversación marcó tanto a Shelley que, al acostarse, no consiguió conciliar el sueño. Ella asegura que su mente le trajo la visión de un “estudiante de artes sacrílegas arrodillado delante de la criatura que había creado”. Tan vívidas eran esas imágenes, que incluso ella se horrorizó. Y esa noche, en su mente inquieta, nació el monstruo de Frankenstein.

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Boris Karloff en una foto promocional de la película de La novia de Frankenstein (1935) [Wikicommons].

¡Está vivo!

La idea poseyó a Mary Shelley desde el primer momento: empezó enseguida a escribirla, buscando aterrorizar a sus lectores tanto como a ella las visiones de la noche anterior.

Quien más quien menos conoce el argumento de esta historia. El científico Victor Frankenstein, un estudiante de medicina desafía las leyes de la naturaleza intentando traer a la vida a una criatura creada a partir de diferentes cadáveres, a la que “despierta” gracias a un proceso científico sin especificar (aunque menciona la energía de las tormentas repetidas veces, Shelley nunca escribió que fuera electricidad). Frankenstein se da cuenta al momento de su error y, horrorizado por el ser que ha creado, huye de su laboratorio. El monstruo, abandonado a su suerte y rechazado por la sociedad, empieza a cometer crímenes que culminan en el asesinato de la prometida y el mejor amigo de su creador y, por último, en la muerte del propio Víctor.

En su primera versión, Frankenstein no era más que un relato corto, unas pocas páginas pero su marido la animó a convertir ese cuento en algo más, una novela, y así se publicó anónimamente en 1818.

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Ilustración de la novela de Frankenstein de Theodor von Holst (1831) [Wikicommons].

Pero, ¿es Frankenstein realmente la primera obra de ciencia ficción moderna?

Frankenstein trata temas que se han convertido en pilares de la ciencia ficción moderna: la moral científica, los límites y peligros del desarrollo científico, miedo motivado por las primeras fases de la revolución industrial que estaba empezando en esa época. Muestra cómo las tendencias capitalistas atacan la libertad y dignidad del ser humano, y la famosa criatura actúa como castigo del uso irresponsable de los avances de la ciencia y la tecnología.

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Imagen promocional de "Frankenstein" (1931), con Colin Clive y Boris Karloff [Wikicommons].

Así, aunque la novela contenga elementos propios del relato gótico y se encuadre en el movimiento romántico, el escritor Brian Aldiss la ha definido, en contraposición a otras historias anteriores más o menos fantásticas, como la primera novela de ciencia ficción. Cree muy significativo el hecho de que el personaje central se valga de novedosos experimentos de laboratorio para crear lo que es, esencialmente, un personaje fantástico como es la criatura. Por ello, y por sus implicaciones filosóficas y morales, esta novela ha tenido una enorme influencia no solo en la literatura sino también en la cultura popular, en las que ha abierto nuevos caminos a todo tipo de historias, películas y obras teatrales.

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Imagen de Víctor Frankenstein y su criatura en la serie de Showtime "Penny Dreadful".

Sin embargo, el enorme éxito de esta mítica novela no puede ni debe oscurecer las otras facetas de la vida y obra de esta escritora. La muerte de su marido Percy en el naufragio de su embarcación, cuando ella tenía apenas 25 años, la muerte de otros dos hijos, y los azarosos problemas económicos, marcaron sus últimos años en los que se volvió mucho menos radical e innovadora.

A pesar de ello, Mary continuó escribiendo a la vez que editaba la obra de su marido hasta que un tumor cerebral acabó con su vida a los 53 años de edad. Su producción literaria (que abarca novelas, artículos, libros de viaje, etc.) y, sobre todo, su lucha personal como mujer liberal (“de mente abierta”, como la definió su padre), fueron los pilares que marcaron su vida y su obra.

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Póster de la película "Victor Frankenstein" (2015).

Muy influenciada por los escritos de su madre (“el recuerdo de mi madre ha sido el orgullo de mi vida”, decía) defendió, como lo hizo antes ella, sus ideas políticas y feministas: la importancia de la educación, la justicia social, el progreso basado en la cooperación, la mejora de la sociedad a través del poder político, la igualdad entre hombres y mujeres, la defensa del amor libre…y todo ello a pesar de las críticas y prejuicios de su época a los que tuvo que enfrentarse. Fue, como lo había sido su madre años atrás, una auténtica pionera del feminismo. Y como dijo ella misma: “Creo que puedo mantenerme a mí misma y hay algo inspirador en la idea”.









    • Frankenstein (fragmento) 
      Mary Shelley


      Una desapacible noche de noviembre contemplé el final de mis esfuerzos. Con una ansiedad rayana en la agonía, coloqué a mí alrededor los instrumentos que me iban a permitir infundir un hálito de vida a la cosa inerte que yacía a mis pies. Era ya la una de la madrugada; la lluvia golpeaba las ventanas sombríamente, y la vela casi se había consumido, cuando, a la mortecina luz de la llama, vi cómo la criatura abría sus ojos amarillentos y apagados. Respiró profundamente y un movimiento convulsivo sacudió su cuerpo.

      ¿Cómo expresar mi sensación ante esta catástrofe, o describir el engendro que con tanto esfuerzo e infinito trabajo había creado? Sus miembros estaban bien proporcionados y había seleccionado sus rasgos por hermosos. ¡Hermosos! ¡Santo cielo! Su piel amarillenta apenas si ocultaba el entramado de músculos y arterias; tenía el pelo negro, largo y lustroso, los dientes blanquísimos; pero todo ello no hacía más que resaltar el horrible contraste con sus ojos acuosos, que parecían casi del mismo color que las pálidas órbitas en las que se hundían, el rostro arrugado, y los finos y negruzcos labios.

      Las alteraciones de la vida no son ni mucho menos tantas como las de los sentimientos humanos. Durante casi dos años había trabajado infatigablemente con el único propósito de infundir vida en un cuerpo inerte. Para ello me había privado de descanso y de salud. Lo había deseado con un fervor que sobrepasaba con mucho la moderación; pero ahora que lo había conseguido, la hermosura del sueño se desvanecía y la repugnancia y el horror me embargaban. Incapaz de soportar la visión del ser que había creado, salí precipitadamente de la estancia. Ya en mi dormitorio, paseé por la habitación sin lograr conciliar el sueño. Finalmente, el cansancio se impuso a mi agitación, y vestido me eché sobre la cama en el intento de encontrar algunos momentos de olvido. Mas fue en vano; pude dormir, pero tuve horribles pesadillas. Veía a Elizabeth, rebosante de salud, paseando por las calles de Ingolstadt. Con sorpresa y alegría la abrazaba, pero en cuanto mis labios rozaron los suyos, empalidecieron con el tinte de la muerte; sus rasgos parecieron cambiar, y tuve la sensación de sostener entre mis brazos el cadáver de mi madre; un sudario la envolvía, y vi cómo los gusanos reptaban entre los dobleces de la tela. Me desperté horrorizado; un sudor frío me bañaba la frente, me castañeteaban los dientes y movimientos convulsivos me sacudían los miembros. A la pálida y amarillenta luz de la luna que se filtraba por entre las contraventanas, vi al engendro, al monstruo miserable que había creado. Tenía levantada la cortina de la cama, y sus ojos, si así podían llamarse, me miraban fijamente. Entreabrió la mandíbula y murmuró unos sonidos ininteligibles, a la vez que una mueca arrugaba sus mejillas. Puede que hablara, pero no lo oí. Tendía hacia mí una mano, como si intentara detenerme, pero esquivándola me precipité escaleras abajo. Me refugié en el patio de la casa, donde permanecí el resto de la noche, paseando arriba y abajo, profundamente agitado, escuchando con atención, temiendo cada ruido como si fuera a anunciarme la llegada del cadáver demoníaco al que tan fatalmente había dado vida.

    • Cuestiones

    • ¿Por qué crees que es un texto romántico?

    Se puede definir esta obra, entre otras cosas, como un "delirio científico". ¿Dónde lo percibes?


¿Ves alguna relación entre lo monstruoso y la maldad? Analízala







Este relato habla de algo muy moderno la reinserción del criminal ¿Qué opinas tú?









¿Por qué nos atraen los monstruos?







¿Cuál es tu monstruo favorito y por qué?






Cita tres obras que contengan monstruos.







Microrrelato  MONSTRUO