lunes, 5 de febrero de 2024

Canciones para que nos guste la poesía

VENENO-DELAOSSA


Biografía 

Daniel Martínez de la Ossa Romero nació en Malaga, España en el años 1993, es un cantante español de género hip hop/rap conocido por el nombre artístico de Delaossa.


Ha lanzado varios singles desde 2016, y su debut discográfico se produjo en 2019 con el LP 'Un perro andaluz'. En 2020 lanzó un EP de 5 temas llamado 'La Tour Liffee', en el que le acompaña su habitual beatmaker, DJ y productor J Moods y otros músicos como Israel B, KIDDO, Gese Da O, Granuja o Cruz Cafuné.



Letra


Estoy a diez mil kilómetros de tu puerta
Pensando más en el prestigio que en las ventas
Yo que siempre hice esto por pasión
Pero dime: ¿Quién dice que no al dinero cuando entra?

Te escribo a diario pa' que estés contenta
Pero ando con lo' de siempre, haciendo cuentas
Miento como me enseñaste, tú eras la experta
Vivo rápido, y lo asimilo a cámara lenta

Y aún recuerdo que se enfadaba
Y me lanzaba los vasos de la cocina, presa de la ira
Y acababa desnuda, llorando, tirada en la esquina, yo la abrazaba
"Te voy a cuidar por siempre, mi niña", le prometía
Como si algo de esta vida fuera eterno
Como si lo que destruimos tuviera un arreglo
Pero aunque eso que tuvimos estuviera enfermo
Yo ando esperando a que volvamos a vernos, porque

Tú eras tóxica como veneno
Pero me falta el aire desde que no estás (Ah, ah)
Quizás no me trajeses nada bueno (Bueno)
Pero al menos no nos la pasábamos mal (No)
Mami, yo tengo en el pecho un dolor
Tanta party no me deja respirar
Pero quiero otra vez de tu veneno
Quiero arder en tu infierno pa' la eternidad

Mami, aunque te diga que estoy bien, tengo ansiedad
De abarcar to' esto yo solo sin mirar atrás
Crece la música, la fama, el bla-bla
Pero, ¿De qué me sirve el money, mami, cuando tú no estás? (De nada, eh)

Toa' esas shorties en mi cama, pero tú no estás
Busco una como tú en la lupita de Instagram (No la encuentro)
Si hubieras venido a to's los sitios que he esta'o ya
Si mis ojos te contaran todo lo que he visto, ma'

Justo ando escribiendo esto y viendo Portugal
Camino de latino pa' expandir mi música (Así)
Pero volveré con un ramito de violetas a tu puerta
Como el Manzanita, que descanse en paz

Cuando sentía que te perdía, iba yo detrás
Cuando veías que yo no estaba, te acercabas más
Y aunque andaras con otro me escribías de madruga' (Sí)
Con uñas de gel, con lágrimas saltada'

Tú eras tóxica como veneno
Pero me falta el aire desde que no estás (Ah, ah)
Quizá no me trajeses nada bueno (Bueno)
Pero al menos no nos la pasábamos mal (No)
Mami, yo tengo en el pecho un dolor
Tanta party no me deja respirar
Pero quiero otra vez de tu veneno
Quiero arder en tu infierno pa' la eternidad

Tú eras tóxica como veneno
Pero me falta el aire desde que no estás (Ah, ah)
Quizás no me trajeses nada bueno (Bueno)
Pero al menos no nos la pasábamos mal (No)
Mami, yo tengo en el pecho un dolor
Tanta party no me deja respirar
Pero quiero otra vez de tu veneno
Quiero arder en tu infierno pa' la eternidad (Veneno)

Dani, bueno, este ya es el quinto mensaje (Veneno)
Que te dejo y espero que lo escuches
Estoy súper orgullosa de ti (Veneno)
De tus giras, de tu música, de tu éxito
Que estés feliz con todo esto (Veneno)
Pero tío
Tío no aguanto más (Veneno)
No puedo más (Veneno)
Ya es como que, no sé
No le veo un sentido, quizá a esto (Veneno)
Llámame cuando veas este mensaje, ¿sí? (Veneno)
Te quiero

Y aunque quiera yo, no puedo vivir sin tu veneno (Veneno)
Me está matando, pero no puedo vivir sin tu veneno (Veneno)
Y aunque quiera yo, no puedo vivir sin tu veneno (Veneno)
Me está matando, pero no puedo vivir sin tu
(Veneno)
Y aunque quiera yo, no puedo vivir sin tu veneno (Veneno)
Me está matando, pero no puedo vivir sin tu veneno (Veneno)
Y aunque quiera yo, no puedo vivir sin tu veneno
Me está matando, pero no puedo vivir sin tu veneno


Opinión Judith

Me parece una canción muy bonita, que expresa los sentimientos de un amor tóxico de dos personas que realmente se quieren pero cuando llega un punto en el que es tan tóxico ya no pueden estar juntas 

Mi frase favorita es: “y aunque quiera yo, no puedo vivir sin tu veneno”


Opinión Alejandra 

Opino que es una canción que expresa unos sentimientos que todo el mundo en alguna vez en su vida los ha sentido en alguna relación y q mi frase favorita es "Pero aunque eso que tuvimos estuviera enfermo

Yo ando esperando a que volvamos a vernos"


Opinión Natalia

En mi opinión la canción dulce y tranquila aunque la letra y el mensaje que transmite no es tan bonito, ya que como dice Judith expresa un amor tóxico.Mi frase favorita es: “cuando tenia que te perdía, iba yo detrás. Cuando veías que yo no estaba me acercaba más”



https://youtu.be/OXP2N2HAkbA



10/09/2021


ISLA SOLO
Juancho Marqués
Daniela Martín y LLara Blanco




Juancho Marqués nació en Sevilla el 14 de Agosto de 1987, aunque
ha residido prácticamente toda su vida en Aranjuez (Madrid). Estudió
sociología en la Universidad Carlos III de Madrid. Es miembro del
colectivo Suite Soprano, grupo con el que saltó a la luz pública.

Tenga la maleta siempre preparada
Mis propias palabras no me dejan dormir
Pierdo la mirada en frente de la almohada
Sufro pesadillas como en repeat
Vivo rodeado pero solo
El aire del otoño cuando quiero abril
¿Cuántas veces pensé en abandonarlo todo?
Volver a donde fui feliz
[Puente]
¿Cómo va a ser? ¿Cómo va a ser?
¿Cómo te fue? ¿Tú cómo estás?
[Verso 2]
Borramos nuestro número de favoritos
No se explica con resúmenes
¿Cuánto de grande es el amor que compartimos?
Si la luz define los volúmenes
Te brilla la cara, el cielo está bonito
Que no se apague, súbele
Al menos mientras dure que sea infinito
Cuidarlo hasta que cure bien

[Pre-Estribillo]

¿Cómo va a ser? ¿Cómo va a ser?
¿Cómo te fue? ¿Tú cómo estás?
Ven y siéntate sobre mi ser
Me doy cuenta que no te quise
No te quise perder
[Estribillo]

¿Cómo va a ser? ¿Cómo va a ser?

Después de tanto
¿Cómo te fue? ¿Tú cómo estás?
Yo más o menos bien
Ven y siéntate sobre mi ser
Sé lo que se siente
Me doy cuenta que no te quise
No te quise perder
[Verso 3]

Dejé el equipaje que me sobraba
Esa parte de mí que más odio
Al tiempo aprendí de lo que dolió
Vivir es salir de la nada
Qué bueno que fue perderme contigo
Hacer la vida improvisada
No es verdad todo lo que percibo
En esta ciudad desgastada

Tenga la maleta siempre preparada
Mis propias palabras no me dejan dormir
Pierdo la mirada en frente de la almohada
Sufro pesadillas como en repeat
Vivo rodeado pero solo
El aire del otoño cuando quiero abril
¿Cuántas veces pensé en abandonarlo todo?
Volver a donde fui feliz
[Puente]
¿Cómo va a ser? ¿Cómo va a ser?
¿Cómo te fue? ¿Tú cómo estás?
[Verso 2]
Borramos nuestro número de favoritos
No se explica con resúmenes
¿Cuánto de grande es el amor que compartimos?

Si la luz define los volúmenes
Te brilla la cara, el cielo está bonito
Que no se apague, súbele
Al menos mientras dure que sea infinito
Cuidarlo hasta que cure bien

[Pre-Estribillo]

¿Cómo va a ser? ¿Cómo va a ser?
¿Cómo te fue? ¿Tú cómo estás?
Ven y siéntate sobre mi ser
Me doy cuenta que no te quise
No te quise perder
[Estribillo]

¿Cómo va a ser? ¿Cómo va a ser?

Después de tanto
¿Cómo te fue? ¿Tú cómo estás?
Yo más o menos bien
Ven y siéntate sobre mi ser
Sé lo que se siente
Me doy cuenta que no te quise
No te quise perder
[Verso 3]

Dejé el equipaje que me sobraba
Esa parte de mí que más odio
Al tiempo aprendí de lo que dolió
Vivir es salir de la nada
Qué bueno que fue perderme contigo
Hacer la vida improvisada
No es verdad todo lo que percibo
En esta ciudad desgastada




Opinión:

Nos parece una canción muy literaria y poética, en la que expresa muy
bien sus sentimientos y pensamientos.
La frase que mas nos ha gustado, nos parece una frase muy bonita y
profunda
Al menos mientras dure que sea infinito


 Daniela Martín y LLara Blanco

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NATHY PELUSO




Datos de la artista
Nathy Peluso una cantante y compositora Argentina se crió escuchando música muy variada,
desde Ray Charles, Joao Gilberto, Ella Fitzgerald, Atahualpa Yupanqui o D ́Angelo.
A los 16 años empezó a actuar en hoteles y restaurantes de Torrevieja Argentina interpretando
principalmente temas clásicos de Frank Sinatra, Etta James o Nina Simone. Siendo adolescente
comenzó a subir versiones a su canal de YouTube.
Como una de las principales exponentes de la nueva vanguardia musical Latino-Europea, es
una apasionada del swing, el jazz, la salsa, la música Brasilera, el rock Argentino, el hip-hop y el
Folklore latinoamericano.
Tras explorar distintos géneros, sus composiciones poco a poco llegaron al hip-hop y se
apoderaron de él haciéndolo concreto, flexible, bailable, latino y acompañado de jazz usando
el lenguaje de manera sonora.

PURO VENENO

Letra de la canción
Yo vine a contar la historia
De cómo ese hombre me envenenó
Malos deseos, no hay esperanza
Cuchillos bailan en mi garganta
Quiero creer, mi hermana, que este no es el fin
Todavía siento el corashe pa' vivir (corashe, corashe)
Entre las ramas de tu cuerpo
Aquella noche, una serpiente me mordió
Y su veneno me ha aturdido
Tan adictivo que el placer ahora es dolor
Tú eres veneno, puro veneno (que me duele)
Inevitable (que me arde) como tus besos
No tengo freno ni antídoto, papá

Así que márchate, no tengo más piedad
¡Calambre, ah!
¡Ay de mí!, ese hombre me envenenó
¡Qué sufrir!, la cordura me arrebató
¡Ay de mí!, ese hombre me envenenó
Que alguien me diga cómo puedo remediarlo
Necesito un remedio
Esa pasión me tiene tan atrapada
Amargamente enamorada
Cada momento en el que yo pienso en ti
Siento que estoy, ay, más cerquita de morir (¡ay, Dios mío!)
Tú eres veneno, puro veneno
Inevitable como tus besos
No tengo freno ni antídoto, papá
Así que márchate, no tengo más piedad
¡Calambre, auh!
¡Ay de mí!, ese hombre me envenenó
¡Qué sufrir!, la cordura me arrebató
¡Ay de mí!, ese hombre me envenenó
Que alguien me diga cómo puedo remediarlo
¡Ay de mí!, ese hombre me envenenó (¡ay de mí!)
¡Qué sufrir!, la cordura me arrebató (me arrebató)
¡Ay de mí!, ese hombre me envenenó
Que alguien me diga cómo puedo remediarlo
¡Ay, mi cordura, por Dios!
No tengo antídoto, papá
No tengo antídoto
Tírame corashe para vi-, para vivir
(¡Qué sufrir!)
Ese hombre me envenenó, me envenenó
Ay-ay, ¿cómo?
Él me envenenó, que me envenenó, que me envenenó
¿Cómo puedo remediarlo?
Que alguien me diga có-, que alguien me diga cómo
Que alguien me diga, que alguien me diga cómo
Que alguien me diga, que alguien me diga cómo
Librarme de ti


Opinión

Es una artista con un gran talento en la música sabe proyectar y transmitir todas las emociones
al que la escuche con poder de interpretación letras y ritmos únicos.
La canción la escogí porque es una de las que más me gustan de Nathy se dirige mucho en el
género de salsa muy bailable además de que ella le da toques y un enfoque determinante en
ciertas partes de la letra que hacen de la canción un éxito.

                                             Camila Paez


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Fito y Fitipaldis.
“Entre la espada y la pared.”






Fito y Fitipaldis es un grupo musical español creado en 1998, por Fito Cabrales. Este grupo
surgió como un proyecto paralelo con el que Fito decidió continuar tras la disolución de su
anterior banda. Las ventas de la banda llevaron al grupo a recibir el Disco de Diamante por
vender más de un millón de discos en octubre de 2007. A su vez, “Soldadito marinero” es
una canción que pertenece al grupo de Fito y Fitipaldis y ha sido reconocida como la
canción más escuchada en España durante la década de los 2000.


LETRA.
Entre lo amargo del café
Quedó el aroma y el calor
Lo que me dio, me lo dejó
Cuando se fue
Con la certeza y la razón
De sabe Dios quién sabe qué
Que lo invisible existe sólo porque no se ve
No soy la foto del carnet
No soy la luz en el balcón
Yo solo soy el que llegó
Y el que se fue
No sé muy bien a dónde voy
Para encontrarme búscame
En algún sitio entre la espada y la pared
Las nubes con el viento siempre están cambiando
Quizás podamos ver el sol de vez en cuando
Puede ser que todo vuelva a ser
Cuando es tarde para responder
Que nunca más
Voy a quedarme en este mar
Aunque me estrelle entre las rocas
Aunque me pise el mismo pie
Que antes beso mi boca
No encontrar el equilibro Y agarrarse
Lo contrario de vivir es no arriesgarse
O quien sabe qué
Oh no no no

Maldita noche que pasé
No sé muy bien por qué razón
Que sin dormirme te soñé
Me pareció escuchar tu voz
Toda la culpa es del café
Que me recuerda tu sabor
Y fue la voz que no escuché
Y fue el silencio el que me despertó
Toda la culpa fue del aire que rozó mi piel
De la piel que me guardó el calor
El mismo con el que forjé
Mi oxidado corazón
Las cosas que no pueden ser
Son todas las que he sido yo
Las mezclas no me salen bien
Sexo, drogas, rock & roll
Sexo, drogas, rock & roll.




Opiniones:
Ainhoa

Me parece que la letra de esta canción es muy reflexiva e interesante. La frase que
más me ha gustado es '' lo contrario de vivir es no arriesgarse''
De esta frase se pueden sacar reflexiones:
Muchas veces por no arriesgar en un determinado momento nos instalamos en el
conformismo, el no arriesgar en la vida, el no darle la oportunidad a otras personas
de conocerlas, el estar inmovil en el mismo lugar hace que nuestra vida sea más
predecible y sosa de lo que podría ser.
Destacar que la canción es muy bonita y agradable de escuchar.

Andrea

Personalmente, tengo muy buena opinión sobre esta canción. Entre la espada y la
pared es una de mis canciones favoritas porque hay un conjunto de cosas como son
la melodía, la voz de Fito, la letra y lo que transmite la propia canción que hace que
me guste mucho. A su vez, las cosas que me llaman la atención son:
● Una metáfora que emplea Fito al decir “Mi oxidado corazón”
● La estrofa número 6. (Está subrayada en el texto)
● El videoclip
● Y todo lo que es capaz esta canción de hacernos reflexionar

Trabajo realizado por Ainhoa García y Andrea González.






The Smiths Duraron sólo cinco años (1982-1987), un suspiro musicalmente hablando. Más de dos décadas después, The Smiths, cuarteto de Manchester de indie rock banda de culto y estandarte de los 80, continúa siendo uno de los grupos más influyentes de la historia de la música . 25 años atrás, se empezaban a oír los primeros acordes de The Queen Is Dead (1986) donde se encuentra su canción estandarte  There Is A Light  That Never Goes Out
Su incursión fue fulgurante. La crítica les cubrió de elogios aunque también hubo quien se enojó ante el contenido de las letras, a la vez irónico, corrosivo a ratos, y sobre todo provocador en un primer álbum que llevaba el nombre del grupo y que vio la luz el 20 de febrero de 1984. Referencia obligada de esa década, The Smiths llegó al número 2 de las listas inglesas. Y ahí comenzaba una leyenda con su irreverente solista, Steven Patrick Morrissey, el guitarrista Johnny Marr, Andy Rourke -que reemplazó a Dale Hibbert en el bajo y con el cello-, y Mike Joyce, batería y coros.
Estética híbrida, aires excéntricos, tendencia casi obsesiva hacia la cultura pop y la singular característica del solista para jugar con el surrealismo de sus letras convirtió al grupo, pero sobre todo al carismtico Morrissey, en todo un símbolo.
Sus letras marcaron y marcan a varias generaciones. Como dijo Noel Gallagher, letrista de Oasis "No importa lo que tú escribas en la letra de una canción para definir el amor o el odio. Morrissey siempre lo hará mejor".


  Discografía:

- The Smiths (1984)

- Meat Is Murder (1985)

- The Queen Is Dead   (1986)

- Strangeways, Here We Go (1987)  

There Is A Light  That Never Goes Out






Take me out tonight
Where there's music and there's people
Who are young and alive
Driving in your car
I never never want to go home
Because I haven't got one anymore

Take me out tonight
Because I want to see people
And I want to see life
Driving in your car
Oh please don't drop me home
Because it's not my home, it's their home
And I'm welcome no more

And if a double-decker bus
Crashes into us
To die by your side
Is such a heavenly way to die
And if a ten ton truck
Kills the both of us
To die by your side
Well the pleasure, the privilege is mine

Take me out tonight
Take me anywhere, I don't care
I don't care, I don't care
And in the darkened underpass
I thought Oh God, my chance has come at last
But then a strange fear gripped me
And I just couldn't ask

Take me out tonight
Oh take me anywhere, I don't care
I don't care, I don't care
Driving in your car
I never never want to go home
Llévame fuera esta noche
Donde hay gente y hay música
Que sean jóvenes y estén vivos
Conduciendo en tu coche
Nunca nunca quiero ir a casa
Porque no la tengo, ya no

Llévame fuera esta noche
Porque quiero ver gente
Y quiero ver vida
Conduciendo en tu coche
Por favor no me dejes en casa
Porque no es mi casa, es la de ellos
Y ya no soy bienvenido

Y si un autobús de dos pisos
Se estrella contra nosotros
Morir a tu lado
Es una manera tan celestial de morir
Y si un camión de diez toneladas
Nos mata a ambos
Morir a tu lado
Bueno, el placer y el privilegio es mío

Llévame fuera esta noche
Llévame donde sea, no me importa
No me importa, no me importa
Y en el oscuro paso subterráneo
Pensé, oh Dios, mi oportunidad ha llegado por fin
Pero entonces un extraño miedo me agarró
Y no pude preguntar
Llévame fuera esta noche
Llévame donde sea, no me importa
No me importa, no me importa
Conduciendo en tu coche
Nunca nunca quiero ir a casa

Hay una luz que nunca se apaga

Por qué me gusta la canción

Canción arrebatada, generacional. Poema contra casi todos: los padres, los mayores. Necesidad de huída, y el amor, tan pleno, todavía no logrado, como una muerte dulce y redentora, un no estar en este mundo. La rabia, el arrobo, el temblor indeciso. Una maravilla, una cima de los poemas musicados del siglo pasado

Versos memorables

Llévame fuera esta noche

Hay una luz que nunca se apaga

jueves, 25 de enero de 2024

Concurso 2023

 







CONCURSO LITERARIO 2023     El grillo  la estrella y el pájaro

Modalidad 1   ESCRIBE UN

     TANKA 

40 € al ganador (en Cheque-Cine), un libro y una rosa.


Modalidad 2   EL MICRORRELATO   Convierte en pequeño relato
   el siguiente verso:

   "TODO EN EL AIRE ES PÁJARO"

    

Dos  categorías

1.   1º  2º   y 3º de la ESO   40 € al ganador (en Cheque-Cine), un libro y una rosa.

2   3º ,  4º de la ESO  y Bach I y II      40 € al ganador (en Cheque-Cine), un libro y una rosa.


                                                  

 También puede participar la comunidad educativa en cualquiera de las dos modalidades

con un premio único: un libro y una rosa.





Entrada


Jackson




Rio




El bosque animado


Coldplay monos bailando


Angry Birds trailer









martes, 23 de enero de 2024

Palabra voyeur 2




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domingo, 7 de enero de 2024

Coleridge. La balada del viejo marinero


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La Balada del viejo marinero:
[...] El timonel tenía agarrada la rueda
y el barco se movía, se movía
sin que una sola brisa lo moviera.
Cada marino en su puesto intentaba
tensar los cabos, y no tenía fuerzas:
¡éramos una tripulación difunta, cadavérica!
[...]
Más fuerte y más terrible
seguía retumbando bajo el agua:
alcanzó la nave, dividió la bahía
y, como plomo, la nave desapareció bajo sus aguas
[...]
Aturdido por el ruido aterrador
que cielo y mar estremecía,
mi cuerpo quedó a flote
como quien lleva ahogado siete días
[...] esta alma mía
en medio del mar se sintió muy sola:
tan sola que ni el mismo Dios parecía
estar entre las olas.
(Samuel Taylor Coleridge)


La Balada del Viejo Marinero (The Rime of the Ancient Mariner) es un poema del romanticismodel poeta inglés Samuel Taylor Coleridge, compuesto en 1799. Su título recibió numerosas traducciones al español: La canción del viejo marinero, La balada del marinero de antaño, Oda del viejo marinero, entre otras.
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El poema, que narra la historia de un marinerodurante un largo viaje en el mar, comienza con un episodio magnífico: un anciano, aparentemente demacrado, se acerca a un hombre a punto de contraer matrimonio y le solicita que, antes de casarse, es decir, de establecerse como miembro de la sociedad adulta, escuche su historia.

La balada del viejo marinero inicia con viento a favor, pero pronto emergen las tormentas. El barco es arrastrado al sur, cerca de la Antártida. Allí la tripulación advierte a un albatros, presagio inmemorial de buena fortuna. No obstante, y sin razón aparente, el marinero abate al ave. La tripulación se inquieta, culpa al viejo marinero de un desastre futuro.

Navegando a la deriva, concreta y espiritualmente, la tripulación lanza su ira supersticiosa contra el Marinero, castigándole a llevar al ave en el cuello en señal de culpabilidad. Pronto el buque tiene un cruce espectral con la muerte (y la Muerte en Vida). Ambas se juegan a los dados el alma vencida del viejo Marinero. Su castigo es atestiguar la muerte de su tripulación y recorrer el mundo narrando una y otra vez su historia.

Resumida a sus postulados básicos, La balada del viejo marinero explora un concepto novedoso para su época: violentar la naturaleza es violentarse a uno mismo. La muerte que se infringe injustamente retorna de un modo brutal, definitivo, sobre la mano que la esgrime.

A continuación les dejamos una traducción al español de La balada del viejo marinerorealizada por 








Kubla Khan: Samuel Taylor Coleridge.


Jorge Luis Borges ha observado que existe un vínculo entre los poetas ingleses y el universo onírico. Muchos poemas fueron insinuados por las musas durante el sueño de los poetas, o bien los poetas nos han engañado simulando una inspiración onírica. Lo cierto es que en la historia de los sueños y los poemas, Kubla Khan es la suma de todos sus arquetipos.

Anestesiado por una fuerte dósis de láudano (u opio, como prefieran llamarlo) Samuel Taylor Coleridge se durmió mientras leía un libro del sacerdote inglés Samuel Purchas, en donde se hablaba de un emperador llamado Kublai Khan, y soñó.

El poeta vio en sueños la construcción de un palacio, y supo que esa construcción era realizada por una extraña melodía que sonaba en el aire, mientras una voz atravesaba el cielo cantando unos versos. Cuando Coleridge despertó, anotó rápidamente aquellos versos. Escribió setenta antes de que uno de los más odiados personajes para los amantes de la literatura inglesa viniese a interrumpirlo. La historia no ha conservado su nombre.

Cuando Coleridge pudo retomar el poema, el hilo se había perdido y el final quedó olvidado. Sus contemporáneos creyeron que la historia del sueño era una mentira de Coleridge para justificar un poema inconcluso. Veinte años después de la muerte del poeta, un traductor ruso descubrió un viejo manuscrito persa, donde se habla del palacio encantado de Kubla Khan, cuyo diseño se le había revelado al emperador en un sueño.


Kubla Khan.
Samuel Taylor Coleridge (1772-1834)

En Xanadú, Kubla Khan ordenó levantar un majestuoso palacio; allí donde Alf, el río sagrado, corre a través de mil cavernas, desembocando en un mar abandonado por el sol. Dos veces cinco millas de tierra fértil, por murallas y torres eran circundada; y allí veíanse jardines surcados por brillantes arroyos, en los que florecían filas de árboles perfumados, y bosques tan apretados como montañas, encerrando en su seno verdes pasajes sonrientes.

¡Aquella profunda y romántica quebrada que se adentra en la verde colina, a la sombra de los cedros! ¡Paisaje agreste! ¡Encantado y beatificado como si en otra época, bajo la luna moribunda, alguna dama hubiese venido a llorar por su demonio amante! Y de esta quebrada, creciendo en incesante gemido, como si la tierra respirase hondo, brotase por momentos una fuente tumultuosa; cuyas lenguas inciertas escupen fragmentos como granizo o granos que saltan bajo el saco de trigo, y en medio de estas danzantes rocas, junto a ellas, saltaba hacia los aires el río sagrado. Durante cinco millas, por un laberinto trazado, entre bosques y valles corría el río sagrado, antes de entrar en las cavernas al hombre inmensurable y de hundirse tumultuosa en un océano muerto. En medio de este tumulto, Kubla oyó en la distancia las voces ancestrales que predecían la guerra.

La sombra del palacio de los deleites flotaba sobre las olas, y desde él se oían las melodías de la fuente y las cavernas. ¡Milagro de sutil ingenio este resplandeciente palacio con sus cavernas de hielo!

Ví en sueños una doncella, tañendo su instrumento: una doncella abisinia, tañendo su instrumento y cantando dulcemente en el monte Abora. ¡Ah! Si yo pudiese resucitar de mi memoria su música y su canción, en tan grave éxtasis me sumirían, que podría construir con música en el aire aquel palacio. ¡Aquel palacio resplandeciente, aquellas cavernas de hielo! Y cuantos me oyeran verían ante sus propios ojos, y todos gritarían: ¡Cuidado! ¡Cuidado! ¡Mirad los ojos fulgurantes, mirad su flotante cabellera! Trazad un triple círculo en torno a él y cerrad los ojos en sagrada reverencia, pues él se ha nutrido de dulce rocío y bebido la leche del Paraíso.






Historia de una canción
Dulces sueños

Estilo sucker Punk




El original: la elegancia ochentera de Eurythmics




La perturbadora modernidad gotica:  Marilyn Manson





PEDRO SALINAS. Muerte de un sueño




martes, 12 de diciembre de 2023

Cuentos navideños

 

Cuentos de navidad






PAUL AUSTER: CUENTO DE NAVIDAD DE AUGGIE WREN (TEXTO)


EL CUENTO DE NAVIDAD DE AUGGIE WREN
Tomado de Smoke & Blue in the face
Le oí este cuento a Auggie Wren. Dado que Auggie no queda demasiado bien en él, por lo menos no todo lo bien que a él le habría gustado, me pidió que no utilizara su verdadero nombre. Aparte de eso, toda la historia de la cartera perdida, la anciana ciega y la comida de Navidad es exactamente como él me la contó.
Auggie y yo nos conocemos desde hace casi once años. Él trabaja detrás del mostrador de un estanco en la calle Court, en el centro de Brooklyn, y como es el único estanco que tiene los puritos holandeses que a mí me gusta fumar, entro allí bastante a menudo. Durante mucho tiempo apenas pensé en Auggie Wren. Era el extraño hombrecito que llevaba una sudadera azul con capucha y me vendía puros y revistas, el personaje pícaro y chistoso que siempre tenía algo gracioso que decir acerca del tiempo, de los Mets o de los políticos de Washington, y nada más.
Pero luego, un día, hace varios años, él estaba leyendo una revista en la tienda cuando casualmente tropezó con la reseña de un libro mío. Supo que era yo porque la reseña iba acompañada de una fotografía, y a partir de entonces las cosas cambiaron entre nosotros. Yo ya no era simplemente un cliente más para Auggie, me había convertido en una persona distinguida. A la mayoría de la gente le importan un comino los libros y los escritores, pero resultó que Auggie se consideraba un artista. Ahora que había descubierto el secreto de quién era yo, me adoptó como a un aliado, un confidente, un camarada. A decir verdad, a mí me resultaba bastante embarazoso. Luego, casi inevitablemente, llegó el momento en que me preguntó si estaría yo dispuesto a ver sus fotografías. Dado su entusiasmo y buena voluntad, no parecía que hubiera manera de rechazarle.
Dios sabe qué esperaba yo. Como mínimo, no era lo que Auggie me enseñó al día siguiente. En una pequeña trastienda sin ventanas abrió una caja de cartón y sacó doce álbumes de fotos negros e idénticos. Dijo que aquélla era la obra de su vida, y no tardaba más de cinco minutos al día en hacerla. Todas las mañanas durante los últimos doce años se había detenido en la esquina de la Avenida Atlantic y la calle Clinton exactamente a las siete y había hecho una sola fotografía en color de exactamente la misma vista. El proyecto ascendía ya a más de cuatro mil fotografías. Cada álbum representaba un año diferente y todas las fotografías estaban dispuestas en secuencia, desde el 1 de enero hasta el 31 de diciembre, con las fechas cuidadosamente anotadas debajo de cada una.
Mientras hojeaba los álbumes y empezaba a estudiar la obra de Auggie, no sabía qué pensar. Mi primera impresión fue que se trataba de la cosa más extraña y desconcertante que había visto nunca. Todas las fotografías eran iguales. Todo el proyecto era un curioso ataque de repetición que te dejaba aturdido, la misma calle y los mismos edificios una y otra vez, un implacable delirio de imágenes redundantes. No se me ocurría qué podía decirle a Auggie; así que continué pasando las páginas, asintiendo con la cabeza con fingida apreciación. Auggie parecía sereno, mientras me miraba con una amplia sonrisa en la cara, pero cuando yo llevaba ya varios minutos observando las fotografías, de repente me interrumpió y me dijo:
—Vas demasiado deprisa. Nunca lo entenderás si no vas más despacio.
Tenía razón, por supuesto. Si no te tomas tiempo para mirar, nunca conseguirás ver nada. Cogí otro álbum y me obligué a ir más pausadamente. Presté más atención a los detalles, me fijé en los cambios en las condiciones meteorológicas, observé las variaciones en el ángulo de la luz a medida que avanzaban las estaciones. Finalmente pude detectar sutiles diferencias en el flujo del tráfico, prever el ritmo de los diferentes días (la actividad de las mañanas laborables, la relativa tranquilidad de los fines de semana, el contraste entre los sábados y los domingos). Y luego, poco a poco, empecé a reconocer las caras de la gente en segundo plano, los transeúntes camino de su trabajo, las mismas personas en el mismo lugar todas las mañanas, viviendo un instante de sus vidas en el objetivo de la cámara de Auggie.
Una vez que llegué a conocerles, empecé a estudiar sus posturas, la diferencia en su porte de una mañana a la siguiente, tratando de descubrir sus estados de ánimo por estos indicios superficiales, como si pudiera imaginar historias para ellos, como si pudiera penetrar en los invisibles dramas encerrados dentro de sus cuerpos. Cogí otro álbum. Ya no estaba aburrido ni desconcertado como al principio. Me di cuenta de que Auggie estaba fotografiando el tiempo, el tiempo natural y el tiempo humano, y lo hacía plantándose en una minúscula esquina del mundo y deseando que fuera suya, montando guardia en el espacio que había elegido para sí. Mirándome mientras yo examinaba su trabajo, Auggie continuaba sonriendo con gusto. Luego, casi como si hubiera estado leyendo mis pensamientos, empezó a recitar un verso de Shakespeare.
—Mañana y mañana y mañana —murmuró entre dientes—, el tiempo avanza con pasos menudos y cautelosos.
Comprendí entonces que sabía exactamente lo que estaba haciendo.
Eso fue hace más de dos mil fotografías. Desde ese día Auggie y yo hemos comentado su obra muchas veces, pero hasta la semana pasada no me enteré de cómo había adquirido su cámara y empezado a hacer fotos. Ése era el tema de la historia que me contó, y todavía estoy esforzándome por entenderla.
A principios de esa misma semana me había llamado un hombre del New York Times y me había preguntado si querría escribir un cuento que aparecería en el periódico el día de Navidad. Mi primer impulso fue decir que no, pero el hombre era muy persuasivo y amable, y al final de la conversación le dije que lo intentaría. En cuanto colgué el teléfono, sin embargo, caí en un profundo pánico. ¿Qué sabía yo sobre la Navidad?, me pregunté. ¿Qué sabía yo de escribir cuentos por encargo?
Pasé los siguientes días desesperado; guerreando con los fantasmas de Dickens, O. Henry y otros maestros del espíritu de la Natividad. Las propias palabras “cuento de Navidad” tenían desagradables connotaciones para mí, en su evocación de espantosas efusiones de hipócrita sensiblería y melaza. Ni siquiera los mejores cuentos de Navidad eran otra cosa que sueños de deseos, cuentos de hadas para adultos, y por nada del mundo me permitiría escribir algo así. Sin embargo, ¿cómo podía nadie proponerse escribir un cuento de Navidad que no fuera sentimental? Era una contradicción en los términos, una imposibilidad, una paradoja. Sería como tratar de imaginar un caballo de carreras sin patas o un gorrión sin alas.
No conseguía nada. El jueves salí a dar un largo paseo, confiando en que el aire me despejaría la cabeza. Justo después del mediodía entré en el estanco para reponer mis existencias, y allí estaba Auggie, de pie detrás del mostrador, como siempre. Me preguntó cómo estaba. Sin proponérmelo realmente, me encontré descargando mis preocupaciones sobre él.
—¿Un cuento de Navidad? —dijo él cuando yo hube terminado. ¿Sólo es eso? Si me invitas a comer, amigo mío, te contaré el mejor cuento de Navidad que hayas oído nunca. Y te garantizo que hasta la última palabra es verdad.
Fuimos a Jack’s, un restaurante angosto y ruidoso que tiene buenos sandwiches de pastrami y fotografías de antiguos equipos de los Dodgers colgadas de las paredes. Encontramos una mesa al fondo, pedimos nuestro almuerzo y luego Auggie se lanzó a contarme su historia.
—Fue en el verano del setenta y dos —dijo. Una mañana entró un chico y empezó a robar cosas de la tienda. Tendría unos diecinueve o veinte años, y creo que no he visto en mi vida un ratero de tiendas más patético. Estaba de pie al lado del expositor de periódicos de la pared del fondo, metiéndose libros en los bolsillos del impermeable. Había mucha gente junto al mostrador en aquel momento, así que al principio no le vi. Pero cuando me di cuenta de lo que estaba haciendo, empecé a gritar. Echó a correr como una liebre, y cuando yo conseguí salir de detrás del mostrador, él ya iba como una exhalación por la avenida Atlantic. Le perseguí más o menos media manzana, y luego renuncié. Se le había caído algo, y como yo no tenía ganas de seguir corriendo me agaché para ver lo que era.
Resultó que era su cartera. No había nada de dinero, pero sí su carné de conducir junto con tres o cuatro fotografías. Supongo que podría haber llamado a la poli para que le arrestara. Tenía su nombre y dirección en el carné, pero me dio pena. No era más que un pobre desgraciado, y cuando miré las fotos que llevaba en la cartera, no fui capaz de enfadarme con él. Robert Goodwin. Así se llamaba. Recuerdo que en una de las fotos estaba de pie rodeando con el brazo a su madre o abuela. En otra estaba sentado a los nueve o diez años vestido con un uniforme de béisbol y con una gran sonrisa en la cara. No tuve valor. Me figuré que probablemente era drogadicto. Un pobre chaval de Brooklyn sin mucha suerte, y, además, ¿qué importaban un par de libros de bolsillo?
Así que me quedé con la cartera. De vez en cuando sentía el impulso de devolvérsela, pero lo posponía una y otra vez y nunca hacía nada al respecto. Luego llega la Navidad y yo me encuentro sin nada que hacer. Generalmente el jefe me invita a pasar el día en su casa, pero ese año él y su familia estaban en Florida visitando a unos parientes. Así que estoy sentado en mi piso esa mañana compadeciéndome un poco de mí mismo, y entonces veo la cartera de Robert Goodwin sobre un estante de la cocina. Pienso qué diablos, por qué no hacer algo bueno por una vez, así que me pongo el abrigo y salgo para devolver la cartera personalmente.
La dirección estaba en Boerum Hill, en las casas subvencionadas. Aquel día helaba, y recuerdo que me perdí varias veces tratando de encontrar el edificio. Allí todo parece igual, y recorres una y otra vez la misma calle pensando que estás en otro sitio. Finalmente encuentro el apartamento que busco y llamo al timbre. No pasa nada. Deduzco que no hay nadie, pero lo intento otra vez para asegurarme. Espero un poco más y, justo cuando estoy a punto de marcharme, oigo que alguien viene hacia la puerta arrastrando los pies. Una voz de vieja pregunta quién es, y yo contesto que estoy buscando a Robert Goodwin.
—¿Eres tú, Robert? —dice la vieja, y luego descorre unos quince cerrojos y abre la puerta.
Debe tener por lo menos ochenta años, quizá noventa, y lo primero que noto es que es ciega.
—Sabía que vendrías, Robert —dice—. Sabía que no te olvidarías de tu abuela Ethel en Navidad.
Y luego abre los brazos como si estuviera a punto de abrazarme.
Yo no tenía mucho tiempo para pensar, ¿comprendes? Tenía que decir algo deprisa y corriendo, y antes de que pudiera darme cuenta de lo que estaba ocurriendo, oí que las palabras salían de mi boca.
—Está bien, abuela Ethel —dije—. He vuelto para verte el día de Navidad.
No me preguntes por qué lo hice. No tengo ni idea. Puede que no quisiera decepcionarla o algo así, no lo sé. Simplemente salió así y de pronto, aquella anciana me abrazaba delante de la puerta y yo la abrazaba a ella.
No llegué a decirle que era su nieto. No exactamente, por lo menos, pero eso era lo que parecía. Sin embargo, no estaba intentando engañarla. Era como un juego que los dos habíamos decidido jugar, sin tener que discutir las reglas. Quiero decir que aquella mujer sabía que yo no era su nieto Robert. Estaba vieja y chocha, pero no tanto como para no notar la diferencia entre un extraño y su propio nieto. Pero la hacía feliz fingir, y puesto que yo no tenía nada mejor que hacer, me alegré de seguirle la corriente.
Así que entramos en el apartamento y pasamos el día juntos. Aquello era un verdadero basurero, podría añadir, pero ¿qué otra cosa se puede esperar de una ciega que se ocupa ella misma de la casa? Cada vez que me preguntaba cómo estaba yo le mentía. Le dije que había encontrado un buen trabajo en un estanco, le dije que estaba a punto de casarme, le conté cien cuentos chinos, y ella hizo como que se los creía todos.
—Eso es estupendo, Robert —decía, asintiendo con la cabeza y sonriendo. Siempre supe que las cosas te saldrían bien.
Al cabo de un rato, empecé a tener hambre. No parecía haber mucha comida en la casa, así que me fui a una tienda del barrio y llevé un montón de cosas. Un pollo precocinado, sopa de verduras, un recipiente de ensalada de patatas, pastel de chocolate, toda clase de cosas. Ethel tenía un par de botellas de vino guardadas en su dormitorio, así que entre los dos conseguimos preparar una comida de Navidad bastante decente. Recuerdo que los dos nos pusimos un poco alegres con el vino, y cuando terminamos de comer fuimos a sentarnos en el cuarto de estar, donde las butacas eran más cómodas. Yo tenía que hacer pis, así que me disculpé y fui al cuarto de baño que había en el pasillo. Fue entonces cuando las cosas dieron otro giro. Ya era bastante disparatado que hiciera el numerito de ser el nieto de Ethel, pero lo que hice luego fue una verdadera locura, y nunca me he perdonado por ello.
Entro en el cuarto de baño y, apiladas contra la pared al lado de la ducha, veo un montón de cámaras, seis o siete, de treinta y cinco milímetros, completamente nuevas, aún en sus cajas, mercancía de primera calidad. Deduzco que eso es obra del verdadero Robert, un sitio donde almacenar botín reciente. Yo no había hecho una foto en mi vida, y ciertamente nunca había robado nada, pero en cuanto veo esas cámaras en el cuarto de baño, decido que quiero una para mí. Así de sencillo. Y, sin pararme a pensarlo, me meto una de las cajas bajo el brazo y vuelvo al cuarto de estar.
No debí ausentarme más de unos minutos, pero en ese tiempo la abuela Ethel se había quedado dormida en su butaca. Demasiado Chianti, supongo. Entré en la cocina para fregar los platos y ella siguió durmiendo a pesar del ruido, roncando como un bebé. No parecía lógico molestarla, así que decidí marcharme. Ni siquiera podía escribirle una nota de despedida, puesto que era ciega y todo eso, así que simplemente me fui. Dejé la cartera de su nieto en la mesa, cogí la cámara otra vez y salí del apartamento. Y ése es el final de la historia.
—¿Volviste alguna vez? —le pregunté.
—Una sola —contestó. Unos tres o cuatro meses después. Me sentía tan mal por haber robado la cámara que ni siquiera la había usado aún. Finalmente tomé la decisión de devolverla, pero la abuela Ethel ya no estaba allí. No sé qué le había pasado, pero en el apartamento vivía otra persona y no sabía decirme dónde estaba ella.
—Probablemente había muerto.
—Sí, probablemente.
—Lo cual quiere decir que pasó su última Navidad contigo.
—Supongo que sí. Nunca se me había ocurrido pensarlo.
—Fue una buena obra, Auggie. Hiciste algo muy bonito por ella.
—Le mentí y luego le robé. No veo cómo puedes llamarle a eso una buena obra.
—La hiciste feliz. Y además la cámara era robada. No es como si la persona a quien se la quitaste fuese su verdadero propietario.
—Todo por el arte, ¿eh, Paul?
—Yo no diría eso. Pero por lo menos le has dado un buen uso a la cámara.
—Y ahora tienes un cuento de Navidad, ¿no?
—Sí —dije—. Supongo que sí.
Hice una pausa durante un momento, mirando a Auggie mientras una sonrisa malévola se extendía por su cara. Yo no podía estar seguro, pero la expresión de sus ojos en aquel momento era tan misteriosa, tan llena del resplandor de algún placer interior, que repentinamente se me ocurrió que se había inventado toda la historia. Estuve a punto de preguntarle si se había quedado conmigo, pero luego comprendí que nunca me lo diría. Me había embaucado, y eso era lo único que importaba. Mientras haya una persona que se la crea, no hay ninguna historia que no pueda ser verdad.
—Eres un as, Auggie —dije—. Gracias por ayudarme.
—Siempre que quieras —contestó él, mirándome aún con aquella luz maníaca en los ojos. Después de todo, si no puedes compartir tus secretos con los amigos, ¿qué clase de amigo eres?
—Supongo que estoy en deuda contigo.
—No, no. Simplemente escríbela como yo te la he contado y no me deberás nada.
—Excepto el almuerzo.
—Eso es. Excepto el almuerzo.
Devolví la sonrisa de Auggie con otra mía y luego llamé al camarero y pedí la cuenta.
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Cuento de Navidad[Cuento. Texto completo.]Ray Bradbury
El día siguiente sería Navidad y, mientras los tres se dirigían a la estación de naves espaciales, el padre y la madre estaban preocupados. Era el primer vuelo que el niño realizaría por el espacio, su primer viaje en cohete, y deseaban que fuera lo más agradable posible. Cuando en la aduana los obligaron a dejar el regalo porque pasaba unos pocos kilos del peso máximo permitido y el arbolito con sus hermosas velas blancas, sintieron que les quitaban algo muy importante para celebrar esa fiesta. El niño esperaba a sus padres en la terminal. Cuando éstos llegaron, murmuraban algo contra los oficiales interplanetarios.-¿Qué haremos?
-Nada, ¿qué podemos hacer?
-¡Al niño le hacía tanta ilusión el árbol!
La sirena aulló, y los pasajeros fueron hacia el cohete de Marte. La madre y el padre fueron los últimos en entrar. El niño iba entre ellos, pálido y silencioso.
-Ya se me ocurrirá algo -dijo el padre.
-¿Qué...? -preguntó el niño.
El cohete despegó y se lanzó hacia arriba al espacio oscuro. Lanzó una estela de fuego y dejó atrás la Tierra, un 24 de diciembre de 2052, para dirigirse a un lugar donde no había tiempo, donde no había meses, ni años, ni horas. Los pasajeros durmieron durante el resto del primer "día". Cerca de medianoche, hora terráquea según sus relojes neoyorquinos, el niño despertó y dijo:
-Quiero mirar por el ojo de buey.
-Todavía no -dijo el padre-. Más tarde.
-Quiero ver dónde estamos y a dónde vamos.
-Espera un poco -dijo el padre.
El padre había estado despierto, volviéndose a un lado y a otro, pensando en la fiesta de Navidad, en los regalos y en el árbol con sus velas blancas que había tenido que dejar en la aduana. Al fin creyó haber encontrado una idea que, si daba resultado, haría que el viaje fuera feliz y maravilloso.
-Hijo mío -dijo-, dentro de medía hora será Navidad.
La madre lo miró consternada; había esperado que de algún modo el niño lo olvidaría. El rostro del pequeño se iluminó; le temblaron los labios.
-Sí, ya lo sé. ¿Tendré un regalo? ¿Tendré un árbol? Me lo prometieron.
-Sí, sí. todo eso y mucho más -dijo el padre.
-Pero... -empezó a decir la madre.
-Sí -dijo el padre-. Sí, de veras. Todo eso y más, mucho más. Perdón, un momento. Vuelvo pronto.
Los dejó solos unos veinte minutos. Cuando regresó, sonreía.
-Ya es casi la hora.
-¿Puedo tener un reloj? -preguntó el niño.
Le dieron el reloj, y el niño lo sostuvo entre los dedos: un resto del tiempo arrastrado por el fuego, el silencio y el momento insensible.
-¡Navidad! ¡Ya es Navidad! ¿Dónde está mi regalo?


























-Ven, vamos a verlo -dijo el padre, y tomó al niño de la mano.

Salieron de la cabina, cruzaron el pasillo y subieron por una rampa. La madre los seguía.
-No entiendo.
-Ya lo entenderás -dijo el padre-. Hemos llegado.
Se detuvieron frente a una puerta cerrada que daba a una cabina. El padre llamó tres veces y luego dos, empleando un código. La puerta se abrió, llegó luz desde la cabina, y se oyó un murmullo de voces.
-Entra, hijo.
-Está oscuro.
-No tengas miedo, te llevaré de la mano. Entra, mamá.
Entraron en el cuarto y la puerta se cerró; el cuarto realmente estaba muy oscuro. Ante ellos se abría un inmenso ojo de vidrio, el ojo de buey, una ventana de metro y medio de alto por dos de ancho, por la cual podían ver el espacio. El niño se quedó sin aliento, maravillado. Detrás, el padre y la madre contemplaron el espectáculo, y entonces, en la oscuridad del cuarto, varias personas se pusieron a cantar.
-Feliz Navidad, hijo -dijo el padre.
Resonaron los viejos y familiares villancicos; el niño avanzó lentamente y aplastó la nariz contra el frío vidrio del ojo de buey. Y allí se quedó largo rato, simplemente mirando el espacio, la noche profunda y el resplandor, el resplandor de cien mil millones de maravillosas velas blancas.
FIN


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martes, 14 de noviembre de 2023

Mauro

 

CANTAR DE LOS  CANTARES


 SAFO



DANTE


SHAKESPEARE


ROMEO Y JULIETA






Prueba de literatura universal Ev I

 

Prueba

- El Cantar de los Cantares.

- Safo y el lesbianismo.

_Homero, Kavafis y el viaje.

- Catulo y los poetas latinos.

-Dante y la Divina Comedia: el infierno.

- Literatura gótica.

-Introducción a Shakespeare.

-Romeo y Julieta

Películas:

    -Réquiem por un sueño.

    - Romeo y Julieta.