lunes, 27 de abril de 2026

Patricia Highsmith , la auténtica dama del crimen


El turbulento territorio Highsmith
El 23 de junio de 1947 empezó a escribir 'Extraños en un tren'. La novela se publicaría en 1950, y su conversión al celuloide de la mano deAlfred Hitchcock le dio la fuerza para afrontar en 1951 una de sus novelas más reivindicativas, 'El precio de la sal', una historia que mostraba sin tabúes un amor homosexual. A pesar de la prohibición de su editora, Highsmith decidió seguir adelante con la publicación del libro bajo el pseudónimo Claire Morgan. Vendió un millón de copias, y su determinación se vio recompensada con la reedición de la obra en 1991 con su título original, 'Carol', y el nombre de Patricia Highsmith en la portada. Con estas dos novelas empezaría un exitoso camino literario que la convertiría en una 'outsider' a pesar del éxito.
su poder como novelista para convertir el mal en un juego psicológico protagonizado por unos personajes -marginales, marginados y marginadores- ambiguos hasta lo obsceno, turbios como la cerveza acabada de tirar, antihéroes de un mundo cuya única vía de escape es una escalera por la que trepar siguiendo el rastro del dinero.

Patricia Highsmith ha creado un mundo original, cerrado, irracional, opresivo, donde no penetramos sino con un sentimiento personal de peligro y casi a pesar nuestro, pues tenemos enfrente un placer mezclado con escalofrío
Pocos llegan a ser profetas en su propia tierra, y ella tampoco  lo fue. La crueldad de sus novelas y el pesimismo con el que mostraba un 'american way of life' a menudo pintado de un color áureo por los White Anglo-Saxon Protestant, sus personajes como antítesis de lo moralmente correcto en una nación que se presentaba como el paradigma de la libertad mientras lanzaba bombas de napalm sobre territorios sospechosos, y sobre todo, unas ideas políticas cercanas al comunismo frontalmente contrarias a los tentáculos del McCarthysmo, a lo que se sumaba una vida sexual opuesta a las doctrinas del protestantismo, fueron elementos demasiado consistentes para que sus novelas y relatos no tuvieran una fría acogida. Como a tantos escritores 'outsiders' y talentosos, Francia le abrió las puertas tras ganar con 'El Talento de Mr. Ripley' el Gran Premio de Literatura Policíaca. 


Tiene una obra extensa
'Extraños en un tren' (1949), 'Carol' (1952), 'El cuchillo' (1954), 'El talento de Ripley' (1955), 'Mar de fondo' (1957), 'Un juego para los vivos' (1958), 'Ese dulce mal' (1960), 'El grito de la lechuza' (1962), 'Las dos caras de enero' (1964), 'La celda de cristal' (1964), 'Crímenes imaginarios' (1965), 'Cómo se escribe una novela de intriga' (1966), 'El juego del escondite' (1967), 'El temblor de la falsificación' (1969), 'Once' (1970), 'La máscara de Ripley' (1970), 'Rescate por un perro' (1972), 'El juego de Ripley' (1974), 'Pequeños cuentos misóginos' (1974), 'Crímenes bestiales' (1975), 'El diario de Edith' (1977), 'A merced del viento' (1979), 'Tras los pasos de Ripley' (1980), 'La casa negra' (1981), 'Gente que llama a la puerta' (1983), 'Sirenas en el campo de golf' (1985), 'El hechizo de Elsie' (1986), 'Catástrofes' (1987), 'Small g, un idilio de verano' (1995), 'Los cadáveres exquisitos' (1995). La lista es extensa. Libros de relatos, novelas, ensayos...




El talento de Ripley





 Carol





Patricia Highsmith
El talento de Mr. Ripley (fragmento) 1955

"Finalmente, esperó hasta que dieron las ocho, ya que sobre las siete las entradas y salidas de la casa eran más numerosas que durante el resto del día. A las ocho menos diez bajó a la planta baja para asegurarse de que la signora Buffi no estuviese trajinando por allí y tuviese cerrada la puerta; además, quería estar completamente seguro de que no hubiese nadie en el coche de Freddie, aunque, horas antes, ya había bajado a comprobar que efectivamente el coche fuera el de Freddie. Arrojó el abrigo del muerto sobre el asiento de atrás. Volvió a subir al apartamento y, arrodillándose, colocó uno de los brazos del cadáver alrededor de su cuello, apretó los dientes, y tiró hacia arriba. Dio varios traspiés al intentar apoyarse mejor en la espalda el cuerpo inerte de Freddie. También horas antes había ensayado la operación del traslado, sin apenas lograr dar un paso debido al peso del cadáver, y en aquellos momentos el cadáver pesaba exactamente lo mismo que antes, pero había una diferencia: ahora tenía que sacarlo. Dejó que los pies de Freddie se arrastrasen, y de este modo consiguió aligerar un poco el peso, y se las arregló para cerrar la puerta con el codo. Luego empezó a bajar las escaleras. A mitad del primer tramo, se detuvo al oír que alguien salía de un apartamento del segundo piso. Se quedó esperando a que quien fuese hubiera salido a la calle, y entonces reanudó su lento y vacilante descenso.
Había encasquetado uno de los sombreros de Dickie en la cabeza del muerto, para ocultar el pelo sucio de sangre. Durante la última hora, había estado bebiendo una mezcla de ginebra y Pernod con el fin de alcanzar un estado de ebriedad perfectamente calculada y que le permitiera convencerse a sí mismo de que era capaz de moverse con cierto aire de indiferencia y, al mismo tiempo, conservar el valor, incluso la temeridad, suficiente para arriesgarse sin pestañear. El primer riesgo, lo peor que podía pasarle, era que el peso de Freddie le hiciese caer antes de llegar al coche y meter el cadáver dentro. Tom cumplió lo que se había jurado a sí mismo: no detenerse a descansar mientras bajaba las escaleras. Tampoco salió nadie más de alguno de los pisos, ni entró ningún vecino procedente de la calle. Durante las horas pasadas en el piso, Tom se había estado imaginando los posibles contratiempos que se encontraría al salir: la signora Buffi o su esposo saliendo de su vivienda en el preciso instante en que él llegaba al final de las escaleras; un desmayo que haría que le encontrasen tumbado en el suelo junto al cadáver; la posibilidad de que, habiendo dejado el cuerpo en el suelo para descansar, luego no pudiera volver a alzarlo. Se lo había imaginado todo con tal intensidad, que ahora el simple hecho de haber llegado abajo sin que se confirmara uno solo de sus temores le daba la sensación de estar protegido por alguna fuerza mágica que le hacía olvidarse del enorme peso que transportaba en el hombro.
Echó una ojeada a través de las cristaleras de la puerta. La calle parecía normal. Un hombre pasaba por la acera de enfrente, aunque siempre pasaba alguien por una de las aceras. Abrió la primera puerta con el pie y la cruzó arrastrando a Freddie. Antes de cruzar la otra puerta, cambió el peso de hombro, agachando la cabeza bajo el cadáver, y sintiéndose orgulloso de su propia fuerza, hasta que el dolor del brazo que había quedado libre le hizo volver a la realidad. Tenía el brazo demasiado cansado siquiera para rodear la cintura de Freddie. Apretó más los dientes y. dando tumbos bajó los cuatro peldaños que daban a la acera, no sin golpearse una cadera contra la columna de piedra del final de la balaustrada.
Un hombre que venía por la acera aflojó el paso como si fuera a detenerse, pero prosiguió su camino sin hacerlo.
Tom decidió que si alguien se le acercaba, le arrojaría tal vaharada de Pernod al rostro que no necesitarían preguntarle qué le pasaba. Mentalmente, Tom iba soltando maldiciones contra los transeúntes que cruzaban por su lado. Pasaron cuatro personas pero sólo dos le miraron. Se detuvo un momento para que pasara un coche, luego, dando unos pasos rápidos y empujando, metió la cabeza de Freddie por la ventanilla del coche y empujó lo bastante para que le bastara apoyar el cuerpo en el cadáver a fin de que no cayera mientras tomaba un respiro. Miró alrededor, bajo la luz del farol al otro lado de la calle, hacia las sombras que había frente a su casa. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com



Miedo, de Carver

Miedo’, de Raymond Carver


Carver
Digno heredero de Chejov, al que dedicó “Tres rosas amarillas”, Raymond Carver fue sin dudas uno de los mejores escritores de relatos de la segunda mitad del siglo XX, además de crítico implacable del “sueño americano”. Alcohólico durante buena parte de su vida, su segunda esposa, la poeta Tess Gallagher, tuvo un gran ascendiente sobre su obra.
Justamente ella lo definió ante todo como un poeta que interrumpía su obra lírica, que por momentos tiene algo asimismo de Hemingway, para escribir los magníficos relatos que conforman, entre otros: “¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?”, “Si me necesitas, llámame”, “Catedral” y “Tres rosas amarillas”.
Quizás no sea el más revelador de sus poemas, pero en estos tiempos de aparente naufragio colectivo, no está mal recordar que otros hombres, en otros tiempos, también sufrieron las mismas lóbregas incertidumbres.
MIEDO
Miedo de ver una patrulla policial detenerse frente a la casa.
Miedo de quedarme dormido durante la noche.
Miedo de no poder dormir.
Miedo de que el pasado regrese.
Miedo de que el presente tome vuelo.
Miedo del teléfono que suena en el silencio de la noche muerta.
Miedo a las tormentas eléctricas.
Miedo de la mujer de servicio que tiene una cicatriz en la mejilla.
Miedo a los perros aunque me digan que no muerden.
¡Miedo a la ansiedad!
Miedo a tener que identificar el cuerpo de un amigo muerto.
Miedo de quedarme sin dinero.
Miedo de tener mucho, aunque sea difícil de creer.
Miedo a los perfiles psicológicos.
Miedo a llegar tarde y de llegar antes que cualquiera.
Miedo a ver la escritura de mis hijos en la cubierta de un sobre.
Miedo a verlos morir antes que yo, y me sienta culpable.
Miedo a tener que vivir con mi madre durante su vejez, y la mía.
Miedo a la confusión.
Miedo a que este día termine con una nota triste.
Miedo a despertarme y ver que te has ido.
Miedo a no amar y miedo a no amar demasiado.
Miedo a que lo que ame sea letal para aquellos que amo.
Miedo a la muerte.
Miedo a vivir demasiado tiempo.
Miedo a la muerte.
Ya dije eso.
Lectura/versión


“MIEDO”, POR RAYMOND CARVER

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MIEDO
Miedo de ver una patrulla policial detenerse frente a la casa.
Miedo de quedarme dormido durante la noche.
Miedo de no poder dormir.
Miedo de que el pasado regrese.
Miedo de que el presente tome vuelo.
Miedo del teléfono que suena en el silencio de la noche muerta.
Miedo a las tormentas eléctricas.
Miedo de la mujer de servicio que tiene una cicatriz en la mejilla.
Miedo a los perros aunque me digan que no muerden.
¡Miedo a la ansiedad!
Miedo a tener que identificar el cuerpo de un amigo muerto.
Miedo de quedarme sin dinero.
Miedo de tener mucho, aunque sea difícil de creer.
Miedo a los perfiles psicológicos.
Miedo a llegar tarde y de llegar antes que cualquiera.
Miedo a ver la escritura de mis hijos en la cubierta de un sobre.
Miedo a verlos morir antes que yo, y me sienta culpable.
Miedo a tener que vivir con mi madre durante su vejez, y la mía.
Miedo a la confusión.
Miedo a que este día termine con una nota triste.
Miedo a despertarme y ver que te has ido.
Miedo a no amar y miedo a no amar demasiado.
Miedo a que lo que ame sea letal para aquellos que amo.
Miedo a la muerte.
Miedo a vivir demasiado tiempo.
Miedo a la muerte.
Ya dije eso.
Pon aquí tus miedos. Que suenen a poesía

Miedo a













Microrrelato
Elige uno de los diez fotogramas y haz un pequeño relato de terror

miércoles, 15 de abril de 2026

Pizarnik/Akhmatova/ Ndèye Coumba

AlejandraPizarnik
                                 Alejandra Pizarnik



Pizarnik/Akhmatova/ Ndèye Coumba

1. A Pizarnik  hay que leerla (como a Rimbaud) dejándose arrastrar. sin obsesionarse por comprender.  ¿Que te sugieren las imágenes ("Iluminaciones" diría Rimbaud)
de Caminos del espejo?



 2. Anna Akhmatova
¿qué quiere decir con

                 "Todo lo que veo me sobrevivirá"?


¿Por qué es un verso tan citado?

En el poema ¿qué es ese todo? (Busca y enumera cosas)


3 Ndèye Coumba habla de África y la condición de la mujer africana. ¿En qué lo percibes? Opina sobre este poema.


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En Argentina Alejandra Pizarnik (1936-1972) hija de inmigrantes judíos de la Rusia Imperial. Su obra es una de las propuestas más rupturistas y de mayor influencia en la poesía contemporánea, sobre todo en la escrita en lengua española por mujeres. La vida y la obra de esta autora puede definirse como una extraña tentación de traspasar los límites, siempre tanteando el milagro, aun a riesgo de asomarse a la locura. Amiga de Cortázar, exploró como él ese otro lado de la realidad en el que se instala lo fantástico. Pizarnik escribió libros poéticos de notoria sensibilidad e inquietud formal marcada por una insinuante imaginería. Sus temas giraban en torno a la soledad, la infancia, el dolor y, sobre todo, la muerte.





Caminos del espejo

I
Y sobre todo mirar con inocencia. Como si no pasara nada, lo cual es cierto.

II
Pero a ti quiero mirarte hasta que tu rostro se aleje de mi miedo como un pájaro del borde
filoso de la noche.

III
Como una niña de tiza rosada en un muro muy viejo súbitamente borrada por la lluvia.

IV
Como cuando se abre una flor y revela el corazón que no tiene.

V
Todos los gestos de mi cuerpo y de mi voz para hacer de mí la ofrenda, el ramo que abandona
el viento en el umbral.

VI
Cubre la memoria de tu cara con la máscara de la que serás y asusta a la niña que fuiste.

VII
La noche de los dos se dispersó con la niebla. Es la estación de los alimentos fríos.

VIII
Y la sed, mi memoria es de la sed, yo abajo, en el fondo, en el pozo, yo bebía, recuerdo.

IX
Caer como un animal herido en el lugar que iba a ser de revelaciones.

X
Como quien no quiere la cosa. Ninguna cosa. Boca cosida. Párpados cosidos. Me olvidé.
Adentro el viento. Todo cerrado y el viento adentro.






Que me dejen con mi voz nueva, desconocida. No, no me dejen. Oscura y triste la infancia se ha ido, y la gracia, y la disipación de los dones. Ahora las maravillas emanan del nuevo centro (desdicha en el corazón de un poema a nadie destinado). Hablo con la voz que está detrás de la voz y con los mágicos sonidos del lenguaje de la endechadora. A unos ojos azules que daban sentido a mis sufrimientos en las noches de verano de la infancia. A mis palabras que avanzaban erguidas como el corcel del caballero de Bemberg. A la luz de una mirada que engalanaba mi vocabulario como a un espléndido palacio de papel. Me embriaga la luz. No nombro más que la luz. Quiero verla. Quiero ver en vez de nombrar. No sé dónde detenerme y morar. El lenguaje es vacuo y ningún objeto parece haber sido tocado por manos humanas. Ellos son todos y yo soy yo. Mundo despoblado, palabras reflejas que sólo solas se dicen. Ellas me están matando. Yo muero en poemas muertos que no fluyen como yo, que son de piedra como yo, ruedan y no ruedan, un zozobrar lingüístico, un inscribir a sangre y fuego lo que libremente se va y no volvería. Digo esto porque nunca mas sabré destinar a nadie mis poemas. Vida, mi vida, ¿qué has hecho de mi vida? Hemos consentido visiones y aceptado figuras presentidas según los temores y los deseos del momento, y me han dicho tanto sobre cómo vivir que la muerte planea sobre mí en este momento que busco la salida, busco la salida. Volver a mi viejo dolor inacabable, sin desenlace. Temía quedarme sin un imposible. Y lo hallé, claro que lo hallé. La aurora gris para mi dolor infuso, me llaman de la habitación más cercana y del otro lado de todo espejo. Llamadas apresurándome a cubrir los agujeros de la ausencia que se multiplican mientras la noche se ofrece en bloques de dispersa oscuridad. Luz extraña a todos nosotros, algo que no se ve sino que se oye, y no quisiera decir más porque todo en mí se dice con su sombra y cada yo y cada objeto con su doble.

La enamorada




esta lúgubre manía de vivir  esta recóndita humorada de vivir  te arrastra alejandra no lo niegues.  hoy te miraste en el espejo  y te fue triste estabas sola  la luz rugía el aire cantaba  pero tu amado no volvió  enviarás mensajes sonreirás  tremolarás tus manos así volverá  tu amado tan amado  oyes la demente sirena que lo robó  el barco con barbas de espuma  donde murieron las risas  recuerdas el último abrazo  oh nada de angustias  ríe en el pañuelo llora a carcajadas  pero cierra las puertas de tu rostro  para que no digan luego  que aquella mujer enamorada fuiste tú  te remuerden los días  te culpan las noches  te duele la vida tanto tanto  desesperada ¿adónde vas?  desesperada ¡nada más!

Anna-AkhmatovaAnna Akhmatova (1889-1966) Poeta rusa nacida en Odessa el 23 de junio de 1889. Hija de una noble familia de origen tártaro, estudió latín, historia y literatura en Kiev y en San Petersburgo. Lectora incansable, leía en sus lenguas originales a Baudelaire, Dante, Horacio y Shakespeare.
Durante muchos años fue silenciada por el régimen soviético. Sus poemas se prohibieron, fue acusada de traición y deportada. A su regreso a Leningrado, en 1944, produjo su obra más importante, “Requiem“, publicada apenas en 1963. En 1965 fue nombrada Doctor Honoris Causa por la Universidad de Oxford.
El correr del tiempo“, su última obra, es un balance de su trayectoria de 1910 a 1965. Falleció en Moscú en 1966. Hoy se le considera la más grande mujer poeta en la historia de la literatura rusa.

Todo lo que veo me sobrevivirá
hasta los nidos de los estorninos,
y este aire migratorio que cruzó,
aire primaveral, la mar en vuelo.

La voz eternidad de allá nos llama,
del más allá con su invencible fuerza,
y por encima del cerezo en flor,
la luz lunar menguando se derrama.

Parece que blanquea sin estorbo,
a través de las verdes espesuras,
la senda que no digo adónde lleva...

Allí hay más claridad entre los troncos
y todo se asemeja a la arboleda
que circunda el estanque en Tsárkoie Seló.


aminata_sow_fall_senegal1Poeta senegalesa que escribió “Filles du soleil” (Hijas del sol), un homenaje a las mujeres en el que muestra su preocupación por la suerte de las mujeres del Senegal y de toda África. Murió en septiembre del 2001.



Mi corazón es ardiente, como abrasador mi sol.
Grande también mi corazón, como África mi gran corazón.
Habitada de un gran corazón, más no puedo amar…
Amar a la tierra, amar a sus hijos.
Ser mujer, más no poder crear;
Crear, no sólo procrear.
Y, mujer africana, luchar.
Todavía luchar, para erguirse antes.
Luchar para borrar la huella de la bota que aplasta.
Señor!…luchar
Contra las prohibiciones, prejuicios, su peso.
Y, sin embargo!…
Seguir siendo Mujer africana, pero ganar la otra.
Crear, no sólo procrear.
Asumir su destino en el destino del mundo

sábado, 11 de abril de 2026

Rimbaud



El poder de la palabra: Rimbaud

Vidas al límite (pel
http://youtu.be/eQCFhmsWQOE

Rimbaud (1854-1891)

Soneto de las vocales
Arthur Rimbaud
A negra, E blanca, I roja, U verde, O azul: vocales,
algún día diré vuestro origen secreto;
A, negro corsé velludo de moscas relucientes
que se agitan en torno de fetideces crueles, golfos de sombra;
E, candor de nieblas y de tiendas, lanzas de glaciar
fiero, reyes blancos, escalofríos de umbelas;
I, púrpura, sangre, esputo, reír de labios bellos
en cóleras terribles o embriagueces sensuales;
U, ciclos, vibraciones divinas de los mares verduzcos,
paz de campo sembrado de animales,
paz de arrugas que la alquimia imprimió en las frentes profundas;
O supremo clarín de estridencias extrañas, silencio
atravesado de Angeles y de Mundos;
O, la Omega, el reflejo violeta de sus Ojos!
Iluminaciones


En el bosque hay un pájaro, su canto os detiene y ruboriza.
Hay un reloj que no suena.
Hay una hoyada pantanosa con un nido de bichos blancos.
Hay una catedral descendente y un lago ascendente.
Hay un pequeño carruaje abandonado en el soto, o bien bajando a todo correr por el sendero, adornado con cintas.
Hay una compañía de comiquillos de la legua, vestidos para la actuación, divisados en el camino por entre la linde del bosque.
Hay, en fin, cuando tenéis hambre y sed, alguien que os echa de allí..

Hay

Rimbaud  soneto a las vocales
http://concienciapersonal.blogspot.com.es/2007/07/soneto-de-las-vocales.html

Soneto de las Vocales /Arthur Rimbaud Acrílico Cartulina Figura



Soneto de las Vocales /Arthur Rimbaud >  2010Categoría´

A imitación de Rimbaud
http://www.youtube.com/watch?v=94Cf9FHM9KI


Infancia, de Iluminaciones

"En el bosque hay un pájaro, su canto os detiene y ruboriza.
Hay un reloj que no suena.
Hay una hondonada con un nido de bestias blancas.
Hay una catedral que desciende y un lago que sube.
Hay un pequeño carruaje abandonado en la espesura que baja corriendo por el sendero, lleno de cintas.
Hay una banda de cómicos en trajes de teatro, percibidos en el camino a través de los confines del bosque.
Hay, en fin, cuando uno tiene hambre y sed, alguien que os expulsa.
(...)
Soy el santo, en oración en la terraza, cuando las bestias llegan hasta el mar de Palestina.
Soy el sabio en el sillón sombrío. Las ramas y la lluvia golpean la ventana de la biblioteca.
Soy el caminante de la ancha carretera entre los bosques enanos; el rumor de las esclusas cubre mis pasos. Por largo tiempo veo la melancólica lejía del poniente.
Sería gustoso el niño abandonado en el muelle que partió hacia la alta mar, el pajecillo que sigue la alameda cuya frente toca el cielo.
Los senderos son ásperos. Los montículos se cubren de retamas. El aire está inmóvil. ¡Que lejos los pájaros y las fuentes! Tiene que ser el fin del mundo, si avanzamos. "



Partida”

Visto suficiente. Hallada la visión en todos los espacios.
Tenido suficiente. Rumores de las ciudades, al anochecer, y al sol, y siempre.
Conocido suficiente. Los decretos de la vida.
─¡Oh Rumores y Visiones!
¡Partida a la afección y al ruido nuevos!
Rimbaud  (1854-1891)



Iluminaciones


En el bosque hay un pájaro, su canto os detiene y ruboriza.
Hay un reloj que no suena.
Hay una hoyada pantanosa con un nido de bichos blancos.
Hay una catedral descendente y un lago ascendente.
Hay un pequeño carruaje abandonado en el soto, o bien bajando a todo correr por el sendero, adornado con cintas.
Hay una compañía de comiquillos de la legua, vestidos para la actuación, divisados en el camino por entre la linde del bosque.
Hay, en fin, cuando tenéis hambre y sed, alguien que os echa de allí..

Hay







Arthur Rimbaud   Realeza
Cierta hermosa mañana, en un lugar habitado por
gente amabilísima, un hombre y una mujer
extraordinarios gritaban en la plaza:
"Amigos, quiero que sea Reina. Quiero ser Reina"
Ella reía temblorosa, El hablaba a los amigos
de revelación, de prueba concluida.
Y ambos desfallecieron de dicha, uno la lado del otro.
Y, en efecto, fueron reyes durante una mañana.
En que volvieron a lucirse carmesíes en las casas.
Y durante toda una tarde en que se aventuraron.
A ir por las cercanías de los jardines de palmeras.
                                                                Arthur Rimbaud
Cierta hermosa mañana, en un lugar habitado por
gente amabilísima, un hombre y una mujer
extraordinarios gritaban en la plaza:
"Amigos, quiero que sea Reina. Quiero ser Reina"
Ella reía temblorosa, El hablaba a los amigos
de revelación, de prueba concluida.
Y ambos desfallecieron de dicha, uno la lado del otro.
Y, en efecto, fueron reyes durante una mañana.
En que volvieron a lucirse carmesíes en las casas.
Y durante toda una tarde en que se aventuraron.
A ir por las cercanías de los jardines de palmeras.
                                                                Arthur Rimbaud







miércoles, 8 de abril de 2026

Memorias de Africa Isak Dinesen



Recordar África con Isak Dinesen

Por:Winston Manrique Sabogal16/08/2010

Memoriasjuntosmerendando
"Yo tenía una granja en África, al pie de las colinas de Ngong. El Ecuador atravesaba aquellas tierras altas a un centenar de millas al norte, y la granja se asentaba a una altura de unos mil pies. Durante el día te sentías a una gran altitud, cerca del sol, las primeras horas de la mañana y las tardes eran límpidas y sosegadas, y las noches frías".

Con estas palabras empieza a evocar Isak Dinesen su vida en el libro Memorias de África (1937)(también editado como Lejos de África, más ajustado al título original). Una larga estancia en Kenia que le sirvió para descubrir aquel continente y descubrírselo a gran parte de Europa a través de sus escritos. En sus páginas reposan los sentimientos y emociones que le despertaron el Memoriasconnativoscontinente físico y humano, dando como resultado una obra cuyas palabras parecen haber sido guardadas como se guarda una hoja o una flor dentro de un cuaderno o un libro. Unas tierras y una cultura con las que vivió un romance de verano exaltado por el amor que vivió junto a Denys Finch-Hatton. Pero por encima de todo eso el aire, el viento y el paisaje del trópico africano. Allí, como en el trópico de Cáncer y Capricornio que rodean la cintura del planeta, son los dominios del verano perpetuo, aunque dependiendo de la altitud en que se esté el clima varía. La baronesa Karen Blixen, nombre verdadero de Dinesen (Dinamarca, 1885-1962), lo descubrió, tras abandonar su vida acomodada en Dinamarca, y así lo plasma en Memorias de África. En su granja el tiempo predominante era el de una primavera que se adentra en el verano, donde el viento suave se refugia entre cafetales y bosques. Pero basta descender de la montaña unos pocos kilómetros para toparse con las tierras cálidas donde se descubre por qué a lo que hay encima de la tierra se le llama Cúpula celeste. La naturaleza en todo el esplendor africano de colores, vivacidad y movimiento. Con este recorrido por África, Papeles perdidos abre una nueva semana de Veranos literarios, en su particular homenaje a diversos elementos del periodo estival según han quedado registrados en la l.iteratura. Mejor dejemos que sea ella, la baronesa, la que nos guíe y nos siga transmitiendo sus emociones y asombro:

Memoriasatardecer"La situación geográfica y la altitud se combinaban para formar un paisaje único en el mundo. No era ni excesivo ni opulento; era el África destilada a seis mil pies de altura, como la intensa y refinada esencia de un continente. Los colores eran secos y quemados, como los colores en cerámica. Los árboles tenían un follaje luminoso y delicado, de estructura diferente a los árboles de Europa; no crecían en arco ni en cúpula, sino en capas horizontales, y sus forma daba a los altos ábroles solitarios un parecido con las palmeras, un aire romántico y heroico, como barcos aparejados con las velas cargadas, y los linderos del bosque tenían una extraña apariencia, como si el bosque entero brivase ligeramente. (...) Todas las flores que encontrabas en las praderas o entre las trepadoras y lianas de los bosques nativos eran diminutas, como flores de dunas; tan solo en el mismísimo principio de las lluvias crecía un cierto número de grandes y pesados lirios muy olorosos. Las panorámicas eran inmensamente vacías. Todo lo que se veía estaba hecho para la grandeza y la libertad, y poseía una inigualable belleza.

La principal característica del paisaje y de tu vida en él era el aire. Al recordar una estancia en las tierras altas africanas te impresiona el sentimiento de haber vivido durante un tiempo en el aire. Lo habitual era que el cielo tuviera un color azul pálido o violeta, con una profusión de nubes poderosas, ingrávidas, siempre cambiantes, encumbradas y flotantes, pero también tenía un vigor azulado, y a corta distancia coloreaba con un azul intenso y fresco las cadenas de colinas y los bosques. (...)

MemoriaselefantesEn los safaris había visto una manada de búfalos, ciento veintinueve, que emergían de la niebla matinal bajo un cielo cobrizo, de uno en uno, (...) vi a una manada de elefantes que viajaba por el espeso bosque nativo, donde la luz solar se derrama entre las espesas trepadoras formando manchitas y franjas, y que caminaban pausadamente como si tuvieran una cita al fin del mundo. (...)

MemoriasenavioonetaDebo a Denys Finch-Hatton el mayor, el más delicioso placer de mi vida en la granja: volar con él sobre África.  (...) Cuando vuelas sobre las tierras africanas tienes unas vistas tremendas, sorprendentes combinaciones y cambios de luz y de color, el arco iris sobre la tierra verde iluminada por el sol, las gigantescas nubes verticales y las grandes y salvajes tormentas negras, que te rodeaban a toda velocidad corriendo y danzando. El lenguaje se queda corto para expresar la experiencia de volar y tienes que terminar inventando nuevas palabras".

Memorias de África, de Isak Dinesen, de la traducción de Barbara McShane y Javier Alfaya.

Imágenes. Fotográmas de la película Memorias de África, de Sydney Pollack, protagonizada por Meryl Steep y Robert Redford.






trailer






Naturalmente, si se nace en el seno de una aristocrática familia danesa en 1885, si su sensibilidad la anima a estudiar literatura en Oxford y arte en Roma, París y Copenhague, si decide casarse con su primo el barón Bror Blixen-Finecke y si finalmente el barón y la baronesa deciden trasladar su residencia a las colonias británicas de África oriental (actualmente Kenia), en donde deciden dedicarse al cultivo y comercialización del café, resulta evidente que estamos hablando de alguien que se sale de la norma. 
Tal es el caso de Karen Blixen, nombre real de quien decidiría firmar sus obras literarias con distintos seudónimos, de los que el más popular fue sin duda el de
Isak Dinesen, nombre con el que publicó su primer libro, Siete cuentos góticos (1934), escrito en inglés y con el que consiguió fama mundial. Tres años más tarde, en 1937, publicaría Memorias de África, un conjunto de recuerdos de la larga etapa en Kenia y en el que con su sutil y elegante prosa, su impecable sentido del humor y su fascinación por la sencillez del estilo de vida que descubrió en África no puede evitar la melancolía que le produce abandonar un paisaje inolvidable en el que además conoció y vivió el gran amor de su vida con el oficial y cazador británico Denys Finch Hatton.
 
Se ha indicado que Out of Africa destaca por la melancolía y el estilo elegíaco

Memorias de África, fue adaptada al cine por Sidney Pollack, (1985)consiguiendo también un gran éxito de taquilla, lo que estimuló de nuevo la popularidad de la escritora


Memorias de Africa  (1937) Isak Dinesen

“Yo tenía una granja en África, al pie de las colinas de Ngong. El ecuador atravesaba aquellas tierras a un centenar de millas al norte, y la granja se asentaba a una altura de unos seis mil pies. Durante el día te sentías a una gran altitud, cerca del sol, las primeras horas de la mañana y las tardes eran límpidas y sosegadas y las noches frías
 “Todo lo que se veía estaba hecho para la grandeza y la libertad, y poseía una inigualable nobleza”.*

La principal característica del paisaje y de tu vida en él, era el aire. Al recordar una estancia en las tierras altas africanas te impresiona el sentimiento de haber vivido durante un tiempo en el aire. Lo habitual era que el cielo tuviera un color azul pálido o violeta, con una profusión de nubes poderosas, ingrávidas, siempre cambiantes, encumbradas y flotantes, pero también tenía un vigor azulado, y a corta distancia coloreaba con un azul intenso y fresco las cadenas de colinas y los bosques. A mediodía el aire estaba vivo sobre la tierra, como una llama; centelleaba, se ondulaba y brillaba como agua fluyendo, reflejaba y duplicaba todos los objetos, creando una gran Fata Morgana. Allí arriba respirabas a gusto y absorbías seguridad vital y ligereza de corazón. En las tierras altas te despertabas por la mañana y pensabas: Estoy donde debo estar”.*


Nativos

. En cuanto a mí, desde mis primeras semanas en África sentí un intenso afecto por los nativos. Era un sentimiento muy fuerte que comprendía a todas las edades y los dos sexos. El descubrimiento de las razas de piel oscura fue una magnífica ampliación de mi mundo. Como una persona con una simpatía innata hacia los animales que crece en un medio donde no los hay y entra en contacto con ellos en su madurez; o como una persona a la que le gustan instintivamente los bosques y las selvas y entra en uno de ellos por primera vez en su vida cuando tiene veinte años; o como alguien con oído para la música que la oye por primera vez ya mayor, casos así pueden ser similares al mío. Una vez que hube conocido a los nativos acordé la rutina de mi vida cotidiana con la orquesta. Mi padre fue oficial de los Ejércitos danés y francés y cuando era un jovencísimo teniente en Düppel, escribió a casa: «Allí en Düppel fui oficial de una columna grande. Era un trabajo duro, pero espléndido. El amor a la guerra es una pasión como cualquier otra, amas a los soldados como amas a las mujeres jóvenes, hasta la locura; pero un amor no excluye al otro, como saben las chicas. El amor a las mujeres es para una cada vez, mientras que el amor a los soldados abarca al regimiento entero, que te gustaría que fuera lo mayor posible.» A mí me pasaba lo mismo con los nativos. No era fácil llegar a conocer a los nativos. Eran rápidos de oído y evanescentes; si los asustabas, en un segundo podían retirarse a su mundo, al igual que los animales salvajes desaparecen ante un brusco movimiento que tú hagas: simplemente ya no están ahí. Hasta que no conoces bien a un nativo es imposible conseguir una respuesta suya a derechas. Ante una pregunta directa de cuántas vacas tiene, te responde evasivamente: «Tantas como le dije ayer.» Va contra los sentimientos de los europeos ser respondidos de una manera semejante, como muy probablemente va contra los sentimientos de los nativos ser interrogados de esa forma. Si les presionábamos o acosábamos para que nos explicaran su comportamiento, esquivaban la respuesta cuanto podían y luego empleaban una grotesca fantasía humorística para conducimos a una pista falsa. Hasta los niños pequeños, en una situación de ese tipo, adquirían las cualidades de un veterano jugador de póker, que no se preocupa si sobrevaloras o infravaloras su jugada con tal de que no conozcas sus cartas verdaderas. Cuando realmente lográbamos entrar en la existencia de los nativos actuaban como hormigas cuando metes un palo en un hormiguero; reparaban el daño con una incansable energía, rápida y silenciosamente, como si borraran una acción vergonzosa. 



ENCONTRÓ EN LOS INDÍGENAS AFRICANOS LAS MISMAS VIRTUDES ARISTOCRÁTICAS A LAS QUE SIEMPRE TRATÓ DE MANTENERSE FIEL


"EL CORAZÓN SÓLO PUEDE SER INOCENTE Y LIBRE", ESCRIBIÓ, "CUANDO NO ESTÁ ARTIFICIALMENTE DIVIDO CONTRA SÍ MISMO; CUANDO CIELO Y TIERRA, CUERPO Y ESPÍRITU PUEDEN SER UNO". ES JUSTO ESTO LO QUE ENCUENTRA EN LOS INDÍGENAS AFRICANOS, LA SUPERACIÓN DE ESE DUALISMO EMPOBRECEDOR GRACIAS A SU SENTIDO DE LA IRONÍA. LOS NATIVOS VIVEN Y SE DIVIERTEN EN EL MUNDO, ESTÁN EN ÉL COMO PEZ EN EL AGUA Y ACEPTAN SU DESTINO DE UNA FORMA QUE LOS EUROPEOS, QUE TIENEN QUE JUSTIFICARSE ANTE SU CONCIENCIA, NO LO PUEDEN HACER. ESO ES LA IRONÍA, LA CAPACIDAD PARA TOLERAR LA CONTRADICCIÓN










NARRAR SIEMPRE FUE PARA ELLA "SER MIEMBRO DE UNA TRIBU ANTIGUA, OCIOSA, EXTRAVAGANTE E INÚTIL".













PERSONAJES DEL SIGLO XX | ISAK DINESEN | PERFILES

UNA GRANJA EN ÁFRICA















Isak Dinesen fue el seudónimo elegido por la baronesa Karen Blixen para firmar la mayoría de sus libros. En realidad, la baronesa fue muy amiga de esos cambios de identidad, y se hizo llamar de distintas formas a lo largo de su vida, como dando a entender que un solo nombre no podía abarcar toda la complejidad y riqueza de un ser humano. Isak significa el que reirá, y el hecho de que fuera un nombre de varón expresaba su deseo de tener la misma libertad que los hombres. Muchos años después, en un congreso feminista, habló del oficio de mujer como encanto, confesando que, si fuese hombre, jamás se enamoraría de una escritora, y, sin embargo, todo su empeño, en las tres últimas décadas de su vida, fue transformarse en una escritora al precio que fuera.











Encontró en los indígenas africanos las mismas virtudes aristocráticas a las que siempre trató de mantenerse fiel
"El corazón sólo puede ser inocente y libre cuando no está artificialmente dividido contra sí mismo"

Narrar siempre fue para ella "ser miembro de una tribu antigua, ociosa, extravagante e inútil". Tal vez por eso, sus contradicciones no sólo no la importaban lo más mínimo, sino que disfrutaba perversamente con ellas. Declaró que ser socialista no era más que cumplir con la propia responsabilidad con el prójimo, pero no ocultaba su aversión a la democracia, porque pensaba que era un sistema que fomentaba la mediocridad. Fue a África, formando parte de las primeras oleadas de colonos europeos, pero nadie comprendió como ella a los indígenas africanos, en los que vería encarnadas las mismas virtudes aristocráticas a las que siempre trató de mantenerse fiel. Amó sin límites a los animales, y escribiría alguna de las páginas más hermosas que se han escrito sobre ellos, pero fue una apasionada de la caza, y llegó a decirse que era capaz de disparar a una jirafa sólo por el placer de verla derrumbarse en el suelo.
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