PRINCIPALES AUTORES DEL REALISMO RUSO
PRINCIPALES AUTORES DEL REALISMO RUSO:
Esta obra nos muestra la dificultad de ser honesto cuando el resto de la sociedad se ha instalado en la hipocresía.
De hecho él mismo intentó renunciar a todas sus propiedades para repartirlas entre los campesinos pero no fue posible debido a la oposición de su familia.
El jugador, una novela corta en la que el autor refleja su propia adicción al juego.
El autor demuestra que la violencia es intrínsecamente inhumana y que cualquier crimen, independiente de sus motivos es una violación de las normas éticas y humanas.
(1860-1904)
Sus narraciones, más que tener un clímax y una resolución, son una disposición temática de impresiones e ideas.
Utilizando temas de la vida cotidiana, Chejov retrató el sentimiento de la vida rusa anterior a la revolución de 1905.
Nos describe las vidas inútiles, tediosas y solitarias de personas incapaces de comunicarse entre ellas y sin posibilidad de cambiar una sociedad que sabían que era inherentemente errónea.
Algunos de los mejores relatos de Chejov se incluyen en el libro publicado póstumamente Los veraneantes y otros cuentos (1910).
Dentro del teatro ruso, a Chejov se le considera como un representante fundamental del Naturalismo moderno.
Sus obras dramáticas, lo mismo que sus relatos, son estudios del fracaso espiritual de unos personajes en una sociedad feudal que se desintegraba.
Para presentar estos temas, Chejov desarrolló una nueva técnica dramática, que él llamó de "acción indirecta".
Para ello diseccionaba los detalles de la caracterización e interacción entre los personajes más que el argumento o la acción directa.
En una obra de teatro de Chéjov muchos acontecimientos dramáticos importantes tienen lugar fuera de la escena y lo que se deja sin decir muchas veces es más importante que las ideas y sentimientos expresados.
Entre sus grandes obras teatrales está La gaviota con reminiscencias del Hamlet de Shakespeare.
Fedor Dostoievski
Crimen y castigo (fragmento)"A la mañana siguiente se despertó tarde, tras un sueño agitado que no lo había descansado. Se levantó bilioso, irritado, de mal humor, y consideró su habitación con odio. Era una jaula minúscula, de no más de seis pies de largo, y tenía un aspecto miserable con su papel amarillento y lleno de polvo colgando en jirones de las paredes.
(...)
Le dió el golpe precisamente en la mollera, a lo que contribuyó la baja estatura de la víctima. Enseguida, le hirió por segunda y por tercera vez, siempre con el revés del hacha y siempre en la mollera. La sangre brotó cual una copa volcada, y el cuerpo se desplomó hacia delante en el suelo. El se echó atrás para facilitar la caída y se inclinó sobre su rostro: estaba muerta. Las pupilas de los ojos, dilatadas, parecían querer salírsele de sus órbitas; la frente y la cara muequeaban en las convulsiones de la agonía.
(...)
¿Donde he leído -pensó Raskólnikov prosiguiendo su camino-, dónde he leído lo que decía o pensaba un condenado a muerte una hora antes de que lo ejecutaran? Que si debiera vivir en algún sitio elevado, encima de una roca, en una superficie tan pequeña que sólo ofreciera espacio para colocar los pies, y en torno se abrieran el abismo, el océano, tinieblas eternas, eterna soledad y tormenta; si debiera permanecer en el espacio de una vara durante toda la vida, mil años, una eternidad, preferiría vivir así que morir. ¡Vivir, como quiera que fuese, pero vivir!"
Kashtanka erró de acá para allá, sin dar con Luka Aleksándrich. Mientras tanto, iba oscureciendo. A ambos lados de la calle encendieron los faroles. Se iluminaron las ventanas de las casas. Caían gruesos copos de nieve, tiñendo de blanco el pavimento, los lomos de los caballos y los gorros de los cocheros; y cuanto más se oscurecía el aire tanto más blancos se tomaban los objetos.
Junto a Kashtanka, limitando su campo visual y empujándola con los pies, pasaban sin cesar, en una y otra dirección, clientes desconocidos. (Ella dividía a toda la Humanidad en dos partes: dueños y clientes. Entre aquéllos y éstos existía una diferencia esencial: los primeros tenían derecho a pegarle a ella, y a los segundos tenía ella derecho a morderles en las pantorrillas). Los clientes en cuestión iban de prisa, sin prestarle la menor atención.
Cuando oscureció del todo, la desesperación y el miedo se apoderaron de Kashtanka que, acurrucándose en un portal, se echó a llorar amargamente. Extenuada de caminar todo el día con Luka Aleksándrich; tenía, además, heladas las patas y las orejas, y un hambre voraz la martirizaba.
En toda la jornada había conseguido comer algo tan solo un par de veces: en casa del encuadernador tuvo ocasión de engullir un poco de cola de almidón; y en una de las tabernas visitadas por su amo, encontró un trozo de pellejo de embutido. De haber sido una persona, y no una perra, de fijo que hubiera pensado:
“Es imposible vivir así. Esto es para pegarse un tiro”.
1Chejov 2p
2El realismo en este fragmento 2p
3. Cita 3 autores rusos 1p
4. Cita 3 títulos 1p
5. microrrelato Vida de animal 4p






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