A negra, E blanca, I roja, U verde, O azul: vocales,
algún día diré vuestro origen secreto;
A, negro corsé velludo de moscas relucientes
que se agitan en torno de fetideces crueles, golfos de sombra;
E, candor de nieblas y de tiendas, lanzas de glaciar
fiero, reyes blancos, escalofríos de umbelas;
I, púrpura, sangre, esputo, reír de labios bellos
en cóleras terribles o embriagueces sensuales;
U, ciclos, vibraciones divinas de los mares verduzcos,
paz de campo sembrado de animales,
paz de arrugas que la alquimia imprimió en las frentes profundas;
O supremo clarín de estridencias extrañas, silencio
atravesado de Angeles y de Mundos;
O, la Omega, el reflejo violeta de sus Ojos!
Iluminaciones
En el bosque hay un pájaro, su canto os detiene y ruboriza. Hay un reloj que no suena. Hay una hoyada pantanosa con un nido de bichos blancos. Hay una catedral descendente y un lago ascendente. Hay un pequeño carruaje abandonado en el soto, o bien bajando a todo correr por el sendero, adornado con cintas. Hay una compañía de comiquillos de la legua, vestidos para la actuación, divisados en el camino por entre la linde del bosque. Hay, en fin, cuando tenéis hambre y sed, alguien que os echa de allí..
"En el bosque hay un pájaro, su canto os detiene y ruboriza. Hay un reloj que no suena. Hay una hondonada con un nido de bestias blancas. Hay una catedral que desciende y un lago que sube. Hay un pequeño carruaje abandonado en la espesura que baja corriendo por el sendero, lleno de cintas. Hay una banda de cómicos en trajes de teatro, percibidos en el camino a través de los confines del bosque. Hay, en fin, cuando uno tiene hambre y sed, alguien que os expulsa. (...) Soy el santo, en oración en la terraza, cuando las bestias llegan hasta el mar de Palestina. Soy el sabio en el sillón sombrío. Las ramas y la lluvia golpean la ventana de la biblioteca. Soy el caminante de la ancha carretera entre los bosques enanos; el rumor de las esclusas cubre mis pasos. Por largo tiempo veo la melancólica lejía del poniente. Sería gustoso el niño abandonado en el muelle que partió hacia la alta mar, el pajecillo que sigue la alameda cuya frente toca el cielo. Los senderos son ásperos. Los montículos se cubren de retamas. El aire está inmóvil. ¡Que lejos los pájaros y las fuentes! Tiene que ser el fin del mundo, si avanzamos. "
Partida”
Visto suficiente. Hallada la visión en todos los espacios.
Tenido suficiente. Rumores de las ciudades, al anochecer, y al sol, y siempre.
Conocido suficiente. Los decretos de la vida.
─¡Oh Rumores y Visiones!
¡Partida a la afección y al ruido nuevos!
Rimbaud (1854-1891)
Iluminaciones
En el bosque hay un pájaro, su canto os detiene y
ruboriza. Hay un reloj que no suena. Hay una hoyada pantanosa con
un nido de bichos blancos. Hay una catedral descendente y
un lago ascendente. Hay un pequeño carruaje
abandonado en el soto, o bien bajando a todo correr por el sendero, adornado
con cintas. Hay una compañía de
comiquillos de la legua, vestidos para la actuación, divisados en el camino por
entre la linde del bosque. Hay, en fin, cuando tenéis
hambre y sed, alguien que os echa de allí..
Hay
Arthur Rimbaud Realeza
Cierta hermosa mañana, en un lugar habitado por gente amabilísima, un hombre y una mujer extraordinarios gritaban en la plaza: "Amigos, quiero que sea Reina. Quiero ser Reina" Ella reía temblorosa, El hablaba a los amigos de revelación, de prueba concluida. Y ambos desfallecieron de dicha, uno la lado del otro. Y, en efecto, fueron reyes durante una mañana. En que volvieron a lucirse carmesíes en las casas. Y durante toda una tarde en que se aventuraron. A ir por las cercanías de los jardines de palmeras.
Cierta hermosa mañana, en un lugar habitado por gente amabilísima, un hombre y una mujer extraordinarios gritaban en la plaza: "Amigos, quiero que sea Reina. Quiero ser Reina" Ella reía temblorosa, El hablaba a los amigos de revelación, de prueba concluida. Y ambos desfallecieron de dicha, uno la lado del otro. Y, en efecto, fueron reyes durante una mañana. En que volvieron a lucirse carmesíes en las casas. Y durante toda una tarde en que se aventuraron. A ir por las cercanías de los jardines de palmeras.
"Yo tenía una granja en África, al pie de las colinas de Ngong. El Ecuador atravesaba aquellas tierras altas a un centenar de millas al norte, y la granja se asentaba a una altura de unos mil pies. Durante el día te sentías a una gran altitud, cerca del sol, las primeras horas de la mañana y las tardes eran límpidas y sosegadas, y las noches frías".
Con estas palabras empieza a evocar Isak Dinesen su vida en el libro Memorias de África(1937)(también editado como Lejos de África, más ajustado al título original). Una larga estancia en Kenia que le sirvió para descubrir aquel continente y descubrírselo a gran parte de Europa a través de sus escritos. En sus páginas reposan los sentimientos y emociones que le despertaron el continente físico y humano, dando como resultado una obra cuyas palabras parecen haber sido guardadas como se guarda una hoja o una flor dentro de un cuaderno o un libro. Unas tierras y una cultura con las que vivió un romance de verano exaltado por el amor que vivió junto a Denys Finch-Hatton. Pero por encima de todo eso el aire, el viento y el paisaje del trópico africano. Allí, como en el trópico de Cáncer y Capricornio que rodean la cintura del planeta, son los dominios del verano perpetuo, aunque dependiendo de la altitud en que se esté el clima varía. La baronesa Karen Blixen, nombre verdadero de Dinesen (Dinamarca, 1885-1962), lo descubrió, tras abandonar su vida acomodada en Dinamarca, y así lo plasma en Memorias de África. En su granja el tiempo predominante era el de una primavera que se adentra en el verano, donde el viento suave se refugia entre cafetales y bosques. Pero basta descender de la montaña unos pocos kilómetros para toparse con las tierras cálidas donde se descubre por qué a lo que hay encima de la tierra se le llama Cúpula celeste. La naturaleza en todo el esplendor africano de colores, vivacidad y movimiento. Con este recorrido por África, Papeles perdidos abre una nueva semana de Veranos literarios, en su particular homenaje a diversos elementos del periodo estival según han quedado registrados en la l.iteratura. Mejor dejemos que sea ella, la baronesa, la que nos guíe y nos siga transmitiendo sus emociones y asombro:
"La situación geográfica y la altitud se combinaban para formar un paisaje único en el mundo. No era ni excesivo ni opulento; era el África destilada a seis mil pies de altura, como la intensa y refinada esencia de un continente. Los colores eran secos y quemados, como los colores en cerámica. Los árboles tenían un follaje luminoso y delicado, de estructura diferente a los árboles de Europa; no crecían en arco ni en cúpula, sino en capas horizontales, y sus forma daba a los altos ábroles solitarios un parecido con las palmeras, un aire romántico y heroico, como barcos aparejados con las velas cargadas, y los linderos del bosque tenían una extraña apariencia, como si el bosque entero brivase ligeramente. (...) Todas las flores que encontrabas en las praderas o entre las trepadoras y lianas de los bosques nativos eran diminutas, como flores de dunas; tan solo en el mismísimo principio de las lluvias crecía un cierto número de grandes y pesados lirios muy olorosos. Las panorámicas eran inmensamente vacías. Todo lo que se veía estaba hecho para la grandeza y la libertad, y poseía una inigualable belleza.
La principal característica del paisaje y de tu vida en él era el aire. Al recordar una estancia en las tierras altas africanas te impresiona el sentimiento de haber vivido durante un tiempo en el aire. Lo habitual era que el cielo tuviera un color azul pálido o violeta, con una profusión de nubes poderosas, ingrávidas, siempre cambiantes, encumbradas y flotantes, pero también tenía un vigor azulado, y a corta distancia coloreaba con un azul intenso y fresco las cadenas de colinas y los bosques. (...)
En los safaris había visto una manada de búfalos, ciento veintinueve, que emergían de la niebla matinal bajo un cielo cobrizo, de uno en uno, (...) vi a una manada de elefantes que viajaba por el espeso bosque nativo, donde la luz solar se derrama entre las espesas trepadoras formando manchitas y franjas, y que caminaban pausadamente como si tuvieran una cita al fin del mundo. (...)
Debo a Denys Finch-Hatton el mayor, el más delicioso placer de mi vida en la granja: volar con él sobre África. (...) Cuando vuelas sobre las tierras africanas tienes unas vistas tremendas, sorprendentes combinaciones y cambios de luz y de color, el arco iris sobre la tierra verde iluminada por el sol, las gigantescas nubes verticales y las grandes y salvajes tormentas negras, que te rodeaban a toda velocidad corriendo y danzando. El lenguaje se queda corto para expresar la experiencia de volar y tienes que terminar inventando nuevas palabras".
Memorias de África, de Isak Dinesen, de la traducción de Barbara McShane y Javier Alfaya.
Imágenes. Fotográmas de la película Memorias de África, de Sydney Pollack, protagonizada por Meryl Steep y Robert Redford.
trailer
Naturalmente, si se nace en el seno de una aristocrática familia danesa en 1885, si su sensibilidad la anima a estudiar literatura en Oxford y arte en Roma, París y Copenhague, si decide casarse con su primo el barón Bror Blixen-Finecke y si finalmente el barón y la baronesa deciden trasladar su residencia a las colonias británicas de África oriental (actualmente Kenia), en donde deciden dedicarse al cultivo y comercialización del café, resulta evidente que estamos hablando de alguien que se sale de la norma. Tal es el caso de Karen Blixen, nombre real de quien decidiría firmar sus obras literarias con distintos seudónimos, de los que el más popular fue sin duda el de Isak Dinesen, nombre con el que publicó su primer libro, Siete cuentos góticos(1934), escrito en inglés y con el que consiguió fama mundial. Tres años más tarde, en 1937, publicaríaMemorias de África, un conjunto de recuerdos de la larga etapa en Kenia y en el que con su sutil y elegante prosa, su impecable sentido del humor y su fascinación por la sencillez del estilo de vida que descubrió en África no puede evitar la melancolía que le produce abandonar un paisaje inolvidable en el que además conoció y vivió el gran amor de su vida con el oficial y cazador británico Denys Finch Hatton.
Se ha indicado que Out of Africa destaca por la melancolía y el estilo elegíaco
Memorias de África, fue adaptada al cine por Sidney Pollack, (1985)consiguiendo también un gran éxito de taquilla, lo que estimuló de nuevo la popularidad de la escritora
Memorias de Africa (1937) Isak Dinesen
“Yo tenía una
granja en África, al pie de las colinas de Ngong. El ecuador atravesaba
aquellas tierras a un centenar de millas al norte, y la granja se asentaba a
una altura de unos seis mil pies. Durante el día te sentías a una gran altitud,
cerca del sol, las primeras horas de la mañana y las tardes eran límpidas y
sosegadas y las noches frías
“Todo lo que se veía estaba hecho para
la grandeza y la libertad, y poseía una inigualable nobleza”.*
“La principal
característica del paisaje y de tu vida en él, era el aire. Al recordar una
estancia en las tierras altas africanas te impresiona el sentimiento de haber
vivido durante un tiempo en el aire. Lo habitual era que el cielo tuviera un
color azul pálido o violeta, con una profusión de nubes poderosas, ingrávidas,
siempre cambiantes, encumbradas y flotantes, pero también tenía un vigor
azulado, y a corta distancia coloreaba con un azul intenso y fresco las cadenas
de colinas y los bosques. A mediodía el aire estaba vivo sobre la tierra, como
una llama; centelleaba, se ondulaba y brillaba como agua fluyendo, reflejaba y
duplicaba todos los objetos, creando una gran Fata Morgana. Allí arriba
respirabas a gusto y absorbías seguridad vital y ligereza de corazón. En las
tierras altas te despertabas por la mañana y pensabas: Estoy donde debo estar”.*
Nativos
.
En cuanto a mí, desde mis primeras semanas en África sentí un
intenso afecto por los nativos. Era un sentimiento muy fuerte que
comprendía a todas las edades y los dos sexos. El descubrimiento de
las razas de piel oscura fue una magnífica ampliación de mi mundo.
Como una persona con una simpatía innata hacia los animales que
crece en un medio donde no los hay y entra en contacto con ellos en
su madurez; o como una persona a la que le gustan instintivamente
los bosques y las selvas y entra en uno de ellos por primera vez en su
vida cuando tiene veinte años; o como alguien con oído para la música
que la oye por primera vez ya mayor, casos así pueden ser similares al
mío. Una vez que hube conocido a los nativos acordé la rutina de mi
vida cotidiana con la orquesta.
Mi padre fue oficial de los Ejércitos danés y francés y cuando era un
jovencísimo teniente en Düppel, escribió a casa: «Allí en Düppel fui
oficial de una columna grande. Era un trabajo duro, pero espléndido.
El amor a la guerra es una pasión como cualquier otra, amas a los
soldados como amas a las mujeres jóvenes, hasta la locura; pero un
amor no excluye al otro, como saben las chicas. El amor a las mujeres
es para una cada vez, mientras que el amor a los soldados abarca al
regimiento entero, que te gustaría que fuera lo mayor posible.» A mí
me pasaba lo mismo con los nativos.
No era fácil llegar a conocer a los nativos. Eran rápidos de oído y
evanescentes; si los asustabas, en un segundo podían retirarse a su
mundo, al igual que los animales salvajes desaparecen ante un brusco
movimiento que tú hagas: simplemente ya no están ahí. Hasta que no
conoces bien a un nativo es imposible conseguir una respuesta suya a
derechas. Ante una pregunta directa de cuántas vacas tiene, te
responde evasivamente: «Tantas como le dije ayer.» Va contra los
sentimientos de los europeos ser respondidos de una manera
semejante, como muy probablemente va contra los sentimientos de
los nativos ser interrogados de esa forma. Si les presionábamos o
acosábamos para que nos explicaran su comportamiento, esquivaban
la respuesta cuanto podían y luego empleaban una grotesca fantasía
humorística para conducimos a una pista falsa. Hasta los niños
pequeños, en una situación de ese tipo, adquirían las cualidades de un
veterano jugador de póker, que no se preocupa si sobrevaloras o
infravaloras su jugada con tal de que no conozcas sus cartas
verdaderas. Cuando realmente lográbamos entrar en la existencia de
los nativos actuaban como hormigas cuando metes un palo en un hormiguero; reparaban el daño con una incansable energía, rápida y
silenciosamente, como si borraran una acción vergonzosa.
ENCONTRÓ EN LOS INDÍGENAS AFRICANOS LAS MISMAS VIRTUDES ARISTOCRÁTICAS A LAS QUE SIEMPRE TRATÓ DE MANTENERSE FIEL
"EL CORAZÓN SÓLO PUEDE SER INOCENTE Y LIBRE", ESCRIBIÓ, "CUANDO NO ESTÁ ARTIFICIALMENTE DIVIDO CONTRA SÍ MISMO; CUANDO CIELO Y TIERRA, CUERPO Y ESPÍRITU PUEDEN SER UNO". ES JUSTO ESTO LO QUE ENCUENTRA EN LOS INDÍGENAS AFRICANOS, LA SUPERACIÓN DE ESE DUALISMO EMPOBRECEDOR GRACIAS A SU SENTIDO DE LA IRONÍA. LOS NATIVOS VIVEN Y SE DIVIERTEN EN EL MUNDO, ESTÁN EN ÉL COMO PEZ EN EL AGUA Y ACEPTAN SU DESTINO DE UNA FORMA QUE LOS EUROPEOS, QUE TIENEN QUE JUSTIFICARSE ANTE SU CONCIENCIA, NO LO PUEDEN HACER. ESO ES LA IRONÍA, LA CAPACIDAD PARA TOLERAR LA CONTRADICCIÓN
NARRAR SIEMPRE FUE PARA ELLA "SER MIEMBRO DE UNA TRIBU ANTIGUA, OCIOSA, EXTRAVAGANTE E INÚTIL".
Isak Dinesen fue el seudónimo elegido por la baronesa Karen Blixen para firmar la mayoría de sus libros. En realidad, la baronesa fue muy amiga de esos cambios de identidad, y se hizo llamar de distintas formas a lo largo de su vida, como dando a entender que un solo nombre no podía abarcar toda la complejidad y riqueza de un ser humano. Isak significa el que reirá, y el hecho de que fuera un nombre de varón expresaba su deseo de tener la misma libertad que los hombres. Muchos años después, en un congreso feminista, habló del oficio de mujer como encanto, confesando que, si fuese hombre, jamás se enamoraría de una escritora, y, sin embargo, todo su empeño, en las tres últimas décadas de su vida, fue transformarse en una escritora al precio que fuera.
Encontró en los indígenas africanos las mismas virtudes aristocráticas a las que siempre trató de mantenerse fiel
"El corazón sólo puede ser inocente y libre cuando no está artificialmente dividido contra sí mismo"
Narrar siempre fue para ella "ser miembro de una tribu antigua, ociosa, extravagante e inútil". Tal vez por eso, sus contradicciones no sólo no la importaban lo más mínimo, sino que disfrutaba perversamente con ellas. Declaró que ser socialista no era más que cumplir con la propia responsabilidad con el prójimo, pero no ocultaba su aversión a la democracia, porque pensaba que era un sistema que fomentaba la mediocridad. Fue a África, formando parte de las primeras oleadas de colonos europeos, pero nadie comprendió como ella a los indígenas africanos, en los que vería encarnadas las mismas virtudes aristocráticas a las que siempre trató de mantenerse fiel. Amó sin límites a los animales, y escribiría alguna de las páginas más hermosas que se han escrito sobre ellos, pero fue una apasionada de la caza, y llegó a decirse que era capaz de disparar a una jirafa sólo por el placer de verla derrumbarse en el suelo.
La obra de este poeta, nacido en Alejandría en 1863 y
muerto en la misma ciudad en 1933, se compone únicamente de ciento cincuenta y
cuatro poemas revisados y pulidos hasta la perfección.
Cavafis es por ello y por otros motivos un poeta excepcional:
máximo representante de la literatura griega contemporánea, educado a la
inglesa, influido por el simbolismo y el parnasianismo franceses, habitante de
una Alejandría tradicionalmente multicultural, multirracial y moderna,
admirador y estudioso de la Grecia helenística...todo eso lo convierte en un
autor original ya sólo por su contexto.
Los mejores textos de Cavafis fueron escritos en su
madurez, a esa edad en que algunas personas adquieren una cierta intuición
vital que les permite estar en el mundo como si ya lo hubieran visto todo.
Sus
poemas contemplan la
existencia desde una distancia grave e inteligente, solemne e irónica a la vez
Por los
poemas del autor alejandrino desfilan efebos ingenuos y deseables,personajes
históricos, gentes anónimas...y objetos, objetos cotidianos que siempre tienen
un significado hondo y preciso (los cirios apagados son los días consumidos;
los cirios encendidos son los días que nos quedan por vivir).
Uno de los
mayores logros de su poesía es el acercamiento de los personajes y hechos históricos
al lector moderno, normalmente poco versado en lecturas clásicas. Mediante la
técnica de la máscara, o usurpación de la personalidad, la voz del yo-poeta se
apropia del alma de Marco Antonio –y su pensamiento al dejar Alejandría, en El
Dios abandona a Antonio-, la temeridad de Julio César, el miedo de Cesarión,
las emociones de los dioses del Olimpo...y nos presenta a todos ellos como
seres perfectamente humanos. La re-creación constituida a base de elementos
irreales es lo que los hace reales.
También está la nostalgia del
pasado, el miedo a lo desconocido, la debilidad que nos acecha en los peores
momentos, la atracción sexual ligada muchas veces al sentimiento de culpa, la
impotencia ante el paso del tiempo...todo eso, que es inherente a la condición
humana y no cambia nunca, lo supo expresar Cavafis maravillosamente en cada uno
de los ciento cincuenta y cuatro poemas que componen su obra.
SELECCIÓN DE POEMAS:
FUI
Nada me retuvo. Me liberé y fui.
Hacia placeres que estaban
tanto en la realidad como en mi ser,
a través de la noche iluminada.
Y bebí un vino fuerte, como
sólo los audaces beben el placer.
CUANTO PUEDAS
Si imposible es hacer tu vida como quieres,
por lo menos esfuérzate
cuanto puedas en esto: no la envilezcas nunca
en contacto excesivo con el mundo,
con una excesiva frivolidad.
No la envilezcas
en el tráfago inútil
o en el necio vacío
de la estupidez cotidiana,
y al cabo te resulte un huésped inoportuno.
***** RECUERDA CUERPO
(1918) Recuerda, cuerpo, no sólo cuando fuiste amado,
no solamente en qué lechos estuviste,
sino también aquellos deseos de ti
que en otros ojos viste brillar
y temblaron en otras voces -y que humilló
la suerte.
Ahora que todos ellos son cosa del pasado
casi parece como si hubieras satisfecho
aquellos deseos -cómo ardía,
recuerda, en los ojos que te contemplaban;
cómo temblaban por ti, en las voces, recuerda, cuerpo.
QUE EL DIOS ABANDONABA A ANTONIO
Cuando de repente, a medianoche, se escuche
pasar una comparsa invisible
con músicas maravillosas, con vocerío -
tu suerte que ya declina, tus obras
que fracasaron, los planes de tu vida
que resultaron todos ilusiones, no llores inútilmente.
Como preparado desde tiempo atrás, como valiente,
di adiós a Alejandría que se aleja.
Sobre todo no te engañes, no digas que fue un
sueño, que se engañó tu oído:
no aceptes tales vanas esperanzas.
Como preparado desde tiempo atrás, como valiente,
como te corresponde a ti que de tal ciudad fuiste digno,
acércate resueltamente a la ventana,
y escucha con emoción, mas no
con los ruegos y lamentos de los cobardes,
como último placer los sones,
los maravillosos instrumentos del cortejo misterioso,
y dile adiós, a la Alejandría que pierdes.
La
escena en que Antonio, en la víspera de la batalla definitiva contra
Octavio, se despide de la ciudad de Alejandría (y del dios Baco, que lo
abandona) aparece en Plutarco y, tomado de éste, en Shakespeare. El
episodio histórico tuvo lugar en el año 31 a. C., la víspera del día en
que, derrotado y creyendo muerta a Cleopatra, Antonio se dio muerte.
Así, este poema constituye uno de los más nítidos y crepusculares
ejemplos de la forma en que un episodio de la historia es secuestrado por la poesía y cargado de una fuerza mítica, que irradia y a la vez refleja luz a lo largo de diecinueve siglos.
Murallas.
Sin consideración, sin piedad, sin
pudor
en torno mío han levantado altas y
sólidas murallas.
Y ahora permanezco aquí en mi
soledad.
Meditando en mi destino: la suerte
roe mi espíritu:
tanto como tenía que hacer.
Cómo no advertí que levantaban esos
muros.
No escuché trabajar a los obreros ni
sus voces.
Silenciosamente me dejaron fuera del
mundo.
Adición.
No pregunto si soy feliz o no.
Pero hay algo que permanece
siempre alegre en mi cabeza:
que en la gran suma
-esa suma que aborrezco-
de sus demasiados números,
yo no soy uno,
no soy uno de esas unidades.
Yo no fui contado en el total.
Y eso ya me alegra suficientemente.
Ítaca
Cuando emprendas tu viaje a
Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de
experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los
cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu
camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y
tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los
cíclopes
ni al salvaje Poseidón
encontrarás,
si no los llevas dentro de tu
alma,
si no los yergue tu alma ante ti.
Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de
verano
en que llegues -¡con qué placer y
alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes
sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus
sabios.
Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el
camino
sin aguantar a que Itaca te
enriquezca.
Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el
camino.
Pero no tiene ya nada que darte.
Aunque la halles pobre, Itaca no te
ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con
tanta experiencia,
UNA NOCHE
El cuarto era pobre y vulgar,
oculto en los altos de una taberna equívoca.
Desde la ventana se veía la calleja,
sucia y estrecha. Desde abajo
llegaban las voces de algunos obreros
que jugaban a las cartas y que se divertían.
Y allí en la cama humilde, ordinaria
poseí el cuerpo del amor, poseí los labios
voluptuosos y rojos de la embriaguez -
rojos de tal embriaguez, que también ahora
cuando escribo, ¡después de tantos años!,
en mi casa solitaria, me embriago nuevamente.
LEJOS
Quisiera este recuerdo decirlo...
Pero de tal modo se ha borrado... como que nada queda -
porque lejos, en los primeros años de mi adolescencia yace.
Una piel como hecha de jazmín...
Aquel atardecer de agosto – ¿era agosto...?-
Apenas me recuerdo ya de los ojos; eran, creo, azules...
Ah sí, azules: un azul de zafiro.
Bunbury El extranjero
Extranjero, de Enrique Bunbury
( del LP Pequeño cabaret ambulante 1999)
Una barca en el puerto me espera,
no sé donde me ha de llevar, no ando buscando grandeza, sólo esta tristeza deseo curar.
Me marcho y no pienso en la vuelta, tampoco me apena lo que dejo atrás, sólo sé que lo que me queda en un solo bolsillo lo puedo llevar.
Me siento en casa en América, en Antigua quisiera morir, parecido me ocurre con África, Asila, Esaurira y el Rif.
Pero allá donde voy me llaman el extranjero. Donde quiera que estoy el extranjero me siento.
También extraño en mi tierra, aunque la quiera de verdad, pero mi corazón me aconseja, los nacionalismos que miedo me dan.
Ni patria ni bandera, ni raza ni condición, ni límites ni fronteras, extranjero soy.
Porque allá donde voy me llaman el extranjero. Donde quiera que estoy el extranjero me siento.
Porque allá donde voy me llaman el extranjero. Donde quiera que estoy el extranjero me siento
Esaurira
Asilah
El Rif
Thelma y Louise
En el camino Kerouac
Kavafis (1863-1923)
Ítaca
Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de
experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los
cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu
camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y
tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los
cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.
Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y
alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes
sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.
Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el
camino
sin aguantar a que Itaca te
enriquezca.
Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el
camino.
Pero no tiene ya nada que darte.
“Si no los
llevas dentro de tu alma”
Enumera tus
miedos. ¿Tienes miedo en los viajes? ¿A qué?
¿Qué viaje
harías al “estilo Kavafis”? ¿Por dónde?
Reflexión
¿Es mejor el camino que el destino? Reflexiona sobre esto
POR LA PARTE DE ATRÁS, RELATA
BREVEMENTE UN VIAJE INICIATICO